Mejor-de-lo-mejor 2010 no-ficción


En este blog nos hicimos eco el año pasado de la publicación en el mercado estadounidense del sensacional primer libro de la periodista Rebecca Skloot titulado “The immortal life of Henrietta Lacks” (ver entrada anterior “Las células inmortales de Henrietta Lacks”). Terminado el año es habitual encontrarse con multitud de listas de “lo mejor del año” y entre ellas, lógicamente, las listas de los mejores libros del año. Son varias en las que destaca este libro sobre las células HeLa (Amazon.com, New York Times, Publishers Weekly, etc) y, en un esfuerzo de metanálisis realizado por la publicación especializada del sector editorial PublishersMarketplace.com recopilando la opinión de 30 listas distintas de “lo mejor del año” para encontrar “lo mejor de lo mejor”, “The immortal life” ocupa el puesto número 1 de la lista de libros de no-ficción del 2010.

 

La autora, Rebecca Skloot

Recordaos que en el libro, Skloot realiza una excelente labor por relatar tanto su búsqueda (que inició en su época de estudiante, cuando con 16 años oyó por primera vez hablar de las células HeLa de boca de su profesor de biología) por entender tanto los aspectos científicos relacionados con la investigación en biología celular, como sus esfuerzos por adentrarse en las historias personales de los miembros de la familia de Henrietta Lacks, la paciente afroamericana de la que se extrajeron las células que posteriormente alcanzarían fama mundial bajo el acrónimo de HeLa (de Henrietta Lacks). Por el camino, Skloot desgrana diversos temas que entran en el campo de la divulgación en biología como el significado de la inmortalidad de los cultivos celulares, las dificultades de los pioneros de la biología celular por establecer cultivos y entender las bases de ese proceso, el uso intensivo que se les ha dado a estas células en muy diversos campos de la biología celular y molecular, así como en la virología y en el desarrollo de vacunas, etc. Al mismo tiempo, nos ofrece la posibilidad de reflexionar sobre aspectos éticos y legales derivados de la investigación científica, y representa un valioso relato sobre el camino recorrido hasta nuestros días en todo lo relacionado con estos temas. Todo ello además está aderezado con pinceladas emocionales y humanas cuando la escritora nos traslada su experiencia en el trato con la familia de Henrietta, gentes humildes, con escasos recursos que han sufrido duras condiciones a lo largo de la vida y que entienden muy a duras penas todas las implicaciones derivadas de las células de uno de los miembros de su familia.

 

Tal ha sido el impacto generado por la publicación de este libro que el Washington Post incluyó sorprendentemente a Skloot en su lista de los 5 nuevos personajes más influyentes del año 2010.

Esperamos la publicación del libro en su edición española y veremos cuál es su acogida entre nosotros.

 

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Cómo montar una clínica “anti-aging”


[tweetmeme source=”fuentejuventud”]

Con los tiempos de crisis económica que corren, uno debe agudizar el ingenio para encontrar su oportunidad de desarrollo económico y laboral. Por eso, es en tiempos de crisis cuando los empresarios de la charlatanería y las pseudociencias proliferan como setas en Otoño. Teniendo en cuenta el eterno deseo humano de enfrentarse al envejecimiento, no es de extrañar que nos encontremos con la proliferación de lo que se están dando en llamar “clínicas anti-aging”, así con la palabra envejecimiento en inglés, que suena más sofisticado y chick.

La Sociedad Española de Medicina Antienvejecimiento y Longevidad (¿sí, a que suena guays?) es un grupo de clínicas médicas especializadas en medicina estética y/o charlatanería pseudocientífica a base de supuesta medicina alternativa (que ni es medicina, ni es alternativa). Por supuesto no hay que imaginarse que detrás de este nombre tan rimbombante vaya a haber nada relacionado con ciencia, ni investigación, ni terapias serias que hayan demostrado su eficacia, si no toda una serie de palabrería esotérica y términos pseudocientíficos con los que intentar colar a los incautos la promesa de bienestar, salud y retraso del envejecimiento.

Referencias exóticas y milenarias siempre quedan muy bien

No vamos a entrar a discutir los aspectos relacionados con la medicina estética, claramente fuera del objetivo de este blog, pero es interesante echarle un vistazo al circuito de clínicas antienvejecimiento que proliferan por nuestro país. Bajo nombres tan altisonantes como “Centro Internacional de Avances Médicos” o “Instituto Andaluz de Medicina Antienvejecimiento”, con resonancias a centro médico y de investigación institucional, o más alternativos y esotéricos como “Antiaging Madrid” o “Biosalud”, existen clínicas privadas formadas por médicos que dicen poseer una especialización en tratamientos antienvejecimiento, que normalmente consisten en diplomas autoconcedidos en terapias de muy dudosa (o directamente nula) eficacia.

Así que ya sabe, si le interesa montarse un chiringuito anti-aging, siga los consejos siguientes enumerados en el decálogo de la clínica anti-aging, pero trate por todos los medios que no le entre la risa y permanezca con el rictus inalterado:

(advertencia, cualquier parecido con afirmaciones hechas por clínicas anti-aging en sus webs, no es mera coincidencia.)

1- Escoja un nombre grandilocuente como “Instituto Médico Europeo Antienvejecimiento” o cool tipo “Medicina Biológica Anti-Aging”.

2- Anuncie para quién está destinada su clínica: Para todos aquellos que deseen prolongar su vida activa, mejorando su capacidad física y mental, mejorar su equilibrio interno, liberarse de temibles toxinas y del estrés, restablecer el balance energético, retrasar los signos del envejecimiento y evitar las enfermedades asociadas al mismo y el declive inmunológico, y reforzar las defensas naturales. Todo ello gracias a tratamientos personalizados que integren todos los parámetros biofísicos, energéticos y emocionales individuales, basados en las más avanzadas técnicas de la medicina anti-aging y los métodos naturales. Por supuesto no estará de más hacer referencia a la Medicina Tradicional China, la Ayurvédica Hindú y la Tibetana. Que éstas se empleen en sitios donde la gente se muere más y más pronto no será problema; cuenta el espíritu, no la eficacia.

"Encantados de cobrarle"

3- Establezca claros sus principios, que no pueden ser otros que: Estudiar al individuo desde una perspectiva global, holística, estableciendo un diagnóstico único y personalizado que trate el cuerpo humano como un todo, teniendo en cuenta su estado anímico, situación cósmica y balance energético (y solvencia económica, claro).

4- Es clave que repita siempre y en todo lugar que sus métodos están científicamente avalados por los más prestigiosos centros universitarios internacionales y los investigadores que se encuentran en la frontera del conocimiento internacional en las causas y los tratamientos del envejecimiento, aunque todos sus métodos diagnósticos y terapéuticos estén al margen de la ciencia y hasta del sentido común.

Chequeo bioenergético, no sirve para nada, pero tiene una pinta ...

5- Debe presentarse como un equipo interdisciplinar de amplia formación (para ello cree títulos y ¡autoconcédaselos!) desarrollando programas integrales específicos, con el objetivo de mejorar la calidad de vida, eliminar el estrés y los signos del envejecimiento.

6- Ofrezca diagnósticos basados en:

  • – Pruebas biofísicas
  • – Bioaging
  • – Chequeo bioenergético
  • – Test de intolerancias alimentarias (esto está muy de moda, cualquier alimento que se le ocurra puede dar positivo y siempre se le puede culpar de todos los males)
  • – Análisis de la composición corporal
  • – Monitorización de calorías consumidas
  • – Análisis de la edad biológica frente a la cronológica (por supuesto el resultado siempre será negativo en contra de la biológica)
  • – Análisis del desequilibrio biofísico-energético
  • – Análisis de radicales libres para saber el grado de estrés oxidativo
  • – Análisis del potencial antioxidante
  • – Perfil hormonal

7- Enumere las terapias disponibles, malo será que alguna no convenza a algún incauto. Algunos ejemplos a ofrecer:

  • – Suplementación natural (ya sabemos que natural es sinónimo de bueno)
  • – Dietética y nutrición (cuanto más absurda la dieta, más efectiva; y más difícil de realizar y por tanto más fácil encontrar excusa a su falta de eficacia)
  • – Antioxidantes orales (además de los naturales, que serán muy buenos, pero siempre hay que echarles una mano con pastillitas que dan más beneficios)
  • – Suplementos nutracéuticos (palabra muy de moda que quiere decir productos que no han demostrado hacer nada, al menos bueno).
  • – Suplementos hormonales
  • – Autohemoterapia con ozono hiperbárico (¡cómo suena!).
  • – Medicina regenerativa a base de células madre (esto queda muy bien, que sale en el telediario todos los días).
  • – Medicina predictiva y genómica (super-tecnológico)
  • – Medicina ortomolecular
  • – Medicina espagírica, Flores de Bach, sales de Schüssler, o cualquier otra bobada homeopática que se le ocurra
  • – Biorresonancia: explique que todo en la materia viva produce corrientes eléctricas y emite ondas electromagnéticas propias que sirven para diagnosticar las enfermedades y, si se les da la vuelta, para restaurar el “equilibrio biofísico-energético”.
  • – Mesoterapia biológica, fitoterapia, enzimoterapia, oligoterapia, ozonoterapia, sueroterapia, …, invéntese su propia terapia con un nombre chulo seguido de –terapia, sea innovador hombre!

Para presumir, no es necesario sufrir

8- Todas las intervenciones han de anunciarse como inmunoestimulantes, detoxificantes, antiinfecciosas, revitalizadoras, regeneradoras, antioxidantes y, por supuesto, sin efectos secundarios.

9- Por supuesto únase a la Sociedad Española de Medicina Antienvejecimiento y Longevidad y asista a sus congresos anuales y a sus cursos. Allí podrá estar a la última de qué es lo que están vendiendo el resto de sus colegas y obtendrá títulos suficientes para empapelar las paredes del despacho de su clínica.

10- No hay diez en este decálogo, qué pasa, la clínica es mía.

Nota al margen: Me gustaría aprovechar la ocasión para recomendar el libro “La homeopatía, ¡vaya timo!” de Víctor-Javier Sanz, y en general toda la sensacional colección “¡Vaya timo!” editada por la editorial Laetoli.

La homeopatía, ¡vaya timo!” de Víctor-Javier Sanz.

ISBN: 978-84-92422-18-0

Actualización: Me recuerda Esther Samper (Shora) del sensacional blog MedTempus, que hace tiempo escribió ella también un “decálogo para crear tu propia medicina alternativa“. ¿Sorprendente similitud entre aquella entrada y ésta? Bueno, quizás no.

La Sopa de la Eternidad de Alvise Cornaro


Alvise Cornaro, pintado por Tintoretto

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Alvise Cornaro (1484 – 8 Mayo 1566), fue un noble veneciano del renacimiento que, tras recibir una importante herencia y gracias a sus buenas dotes para los negocios y las inversiones, dedicó gran tiempo a estudios sobre la agricultura, la arquitectura, la hidráulica, y al mecenazgo.

Escribió algunos tratados al respecto, pero sin duda su nombre pasó a la posteridad como el autor de cuatro breves ensayos o “discursos”, bajo el epígrafe “Discorso sulla vita sobria”, o “Discurso sobre la vida sobria”. En ellos Cornaro relataba su propia experiencia con lo que en nuestros días denominaríamos, restricción calórica.

Cornaro describía cómo hasta que cumplió cuarenta años había sufrido de diversos males que le mantenían en constante dolor y sufrimiento, aquejado de problemas de estómago, óseos, gota, y de ciento y un males. Todo cambió un buen día cuando decidió cambiar su forma de vida. Desde ese momento en adelante Cornaro vivió una vida sobria, frugal en las comidas, ingiriendo los alimentos meramente necesarios. Su lema fue “quien quiera comer bastante, es necesario que coma poco” y se dio a la restricción en la dieta.

Como resultado, según relato propio, Cornaro recuperó la salud y el vigor, y el optimismo que ello le infundió le empujaron a realizar numerosas actividades profesionales y culturales. Por ello, y a la edad de 83 años, decidió recoger en su tratado “Discurso sobre la vida sobria”, publicado por primera vez en Pádova en 1558, su propia experiencia y sus consejos para vivir una vida longeva y saludable mediante una estricta dieta diaria que nos permita mantener la salud física y mental a edades avanzadas.

Cornaro se encontraba tan feliz y optimista que escribió:

“Estoy tan ágil que todavía puedo caminar y subir cuestas empinadas y escaleras sin dificultad. Estoy siempre de buen humor y no cansado de la vida. Acompaño a hombres de ingenio, que se destacan en el conocimiento y la virtud. Cuando no puedo disfrutar de su compañía, me doy a leer unos cuantos libros y a la escritura. Duermo bien y mis sueños son agradables y relajantes. Creo que la mayoría de los hombres, si no fueran esclavos de sus sentidos, las pasiones, la codicia y la ignorancia, podrían disfrutar de una vida larga y feliz, que se caracterizara por la moderación y la prudencia.”

Palacio Cornaro

El libro obtuvo un relativo éxito cuando de manera sucesiva, saltando de país en país, pasó por diversas ediciones que lo recuperaron del olvido. Renombrado al, sin duda, más comercial título de “Cómo vivir hasta los 100” llegó hasta nuestros días, en los que estamos experimentando un boom relacionado con la restricción calórica y sus posibles espectaculares efectos alargando la vida, lo que hace del libro de Cornaro una especie de Antiguo Testamento del “restricción-caloricismo”.

Los críticos de “La Vida Sobria” sugieren que Alvise Cornaro bien podría haber sido un caso de diabetes tipo 2 o que sufriera de algún tipo de alergia a algún alimento, por lo que una dieta estricta y controlada podría haber permitido en aquella época recuperar su deteriorada salud. Otra posibilidad, apuntada por muchos, es que Cornaro sufriese la resaca de unos años de juventud vividos de manera desaforada y que el retorno a una vida más pausada y sobria le ofreciese la oportunidad de recuperar su salud. Incluso el archifamoso filósofo Friedrich Nietzsche en su obra “El crepúsculo de los ídolos” criticaba a Cornaro y aseguraba que sus conclusiones eran erróneas porque confundían la causa y el efecto.

Clive McCay

De cualquier modo, a partir de los años 30 del siglo pasado, y comenzando con los trabajos de Clive McClay de la Universidad de Cornell, quien demostró que ratas alimentadas con dieta baja en calorías vivían hasta el doble que el grupo de ratas alimentadas ad libitum (es decir, sin restricciones y hasta saciarse), la investigación en restricción calórica y su efecto en longevidad ha experimentado una enorme popularidad. Son muchos los distintos organismos en los que se ha podido demostrar un efecto positivo de la restricción calórica sobre la longevidad y los prometedores resultados han lanzado ya a muchos a someterse a la tiranía de la balanza y la calculadora en lugar predominante en la mesa, junto a tenedor y cuchillo.

Por otro lado, la investigación biomédica que trata de dilucidar el mecanismo molecular responsable del beneficio sobre la salud y la longevidad de la restricción calórica marcha a toda máquina, aportando nuevos datos interesantes cada día, pero también generando disputas y desencuentros entre la comunidad científica. El interés comercial es evidente. Si supiésemos qué moléculas y qué rutas son las importantes, podríamos lanzarnos a encontrar/desarrollar fármacos que decanten la balanza hacia el beneficio de la restricción calórica, sin dejar de comer hamburguesas y pizza. Algunos investigadores apoyan la implicación de la ruta de la insulina en este efecto, otros hablan del estrés oxidativo generado por el exceso de calorías, muchos se decantan por el papel protagonista de la familia de las sirtuinas, … Tanto es así, que en el último número de la prestigiosa revista Science podemos encontrar un interesante debate a cuenta de la reciente publicación, en la misma revista, de un artículo de revisión sobre las vías moleculares conservadas a lo largo de las especies e implicadas en el incremento de la longevidad. Los autores de dicha revisión especularon con las posibles vías que podrían ser responsables de ese beneficio, obviando la vía de las sirtuínas, para desagradable sorpresa y enojo de no pocos destacados investigadores, que en respuesta decidieron escribir una carta de protesta a la revista Science.

Resveratrol

No obstante, e incluso sin tener aún claro los detalles de esa maquinaria que regula de manera precisa el balance de nutrición y salud, muchos se han lanzado ya a vender productos bajo la promesa de ser capaces de activar las vías responsables del supuesto beneficio de la restricción calórica, como es el caso del resveratrol.

Más aún, los supuestos beneficios de la restricción calórica no están aún demostrados en humanos y podrían ser poco más que modestos en lo relativo a prolongar la vida. Además, no presentan pocos problemas, puesto que restringir el número de calorías, especialmente en las personas de edad avanzada, supone un grave riesgo de pérdida de masa muscular y ósea, lo cual puede ponerles en una situación de debilidad a tener en cuenta. Por ello conviene ser cautos con este tipo de intervenciones que juegan con la dieta y pueden resultar más perjudiciales que beneficiosos.

Prometemos una próxima entrada en la que detallaremos el campo de la restricción calórica, que bien podríamos considerar la segunda parte a una entrada ya publicada en este mismo blog sobre la dieta y el envejecimiento titulada ¿Comer para no envejecer?.

Greg Critser, autor de "Eternity Soup"

La historia de Alvise Cornaro, junto con el relato de los descubrimientos de Clive McCay y de tantos otros después de él en el campo de la restricción calórica, hasta nuestros días, se recoge en un interesante libro (aún no disponible en español) escrito por Greg Critser y titulado “Eternity soup: Inside the Quest to End Aging”.

Eternity Soup

Eternity soup: Inside the Quest to End Aging. Greg Critser. Random House.

ISBN: 978-0-307-40790-0 (0-307-40790-X)

Las células inmortales de Henrietta Lacks


El último libro de la periodista Rebecca Skloot sobre las células HeLa está siendo un auténtico best seller, al menos en EEUU (recientemente amazon.com lo declaró uno de los 10 mejores libros del año hasta la fecha), algo que, desde la perspectiva española, resulta gratamente sorprendente. Skloot se había sentido atraída por la historia de las células HeLa desde su época de estudiante, cuando con 16 años oyó por primera vez hablar de ellas de boca de su profesor de biología. Supo entonces que estas células habían sido derivadas de una biopsia de cuello uterino realizada a una mujer afroamericana a mediados del siglo XX y su curiosidad sobre el origen y las circunstancias que rodearon este hito científico se despertaron en ella. Años más tarde, cuando decidió dedicarse a la escritura, la primera historia que vino a su cabeza fue la de estas células y cómo habían sido obtenidas.

Henrietta Lacks: 1920-1951

 

En su libro, Skloot realiza una excelente labor por relatar tanto su búsqueda por entender los aspectos científicos relacionados con la investigación en biología celular, como sus esfuerzos por adentrarse en las historias personales de los miembros de la familia de Henrietta Lacks, la paciente afroamericana de la que se extrajeron las células que posteriormente alcanzarían fama mundial bajo el acrónimo de HeLa (de Henrietta Lacks). Por el camino, Skloot desgrana diversos temas que entran en el campo de la divulgación en biología (algunos de ellos tratados anteriormente en este mismo blog), como el significado de la inmortalidad de los cultivos celulares, las dificultades de los pioneros de la biología celular por establecer cultivos y entender las bases de ese proceso, el uso intensivo que se les ha dado a estas células en muy diversos campos de la biología celular y molecular, así como en la virología y en el desarrollo de vacunas, etc. Al mismo tiempo, nos ofrece la posibilidad de reflexionar sobre aspectos éticos y legales derivados de la investigación científica, y representa un valioso relato sobre el camino recorrido hasta nuestros días en todo lo relacionado con estos temas. Todo ello además está aderezado con pinceladas emocionales y humanas cuando la escritora nos traslada su experiencia en el trato con la familia de Henrietta, gentes humildes, con escasos recursos que han sufrido duras condiciones a lo largo de la vida y que entienden muy a duras penas todas las implicaciones derivadas de las células de uno de los miembros de su familia.

George Otto Gey

 

Las células HeLa fueron establecidas por George Gey en 1950 a partir de la biopsia del cuello uterino de Henrietta Lacks (que posteriormente falleció a consecuencia de ese cáncer de cuello de útero) sin su consentimiento, cuando esta acudió al hospital Johns Hopkins de Baltimore. Hoy en día ese hecho puede parecernos una aberración, pero la legislación que regula la cesión de muestras biológicas derivadas de pacientes se encuentra en su infancia. El concepto de consentimiento informado otorgado por los pacientes, es algo de nuestros días. Hasta muy recientemente, las muestras para investigación se obtenían sin ni siquiera informar a los pacientes del procedimiento que se estaba realizando en ellos, ni que sus tejidos iban a ser usados en investigación, ni mucho menos en qué investigación.

En nuestro país, la reciente Ley 14/2007 de Investigación Biomédica establece el marco en el que ha de desarrollarse el uso de muestras humanas en investigación. Este marco legislativo, uno de los más avanzados del mundo, se completará en breve con la publicación del Real Decreto que desarrollará dicha Ley y establecerá las medidas concretas que garanticen la cesión de muestras biológicas tras consentimiento informado para investigaciones concretas y definidas, la “anonimización” de las mismas, el derecho del paciente a solicitar la destrucción de sus tejidos en cualquier momento, etc. Sin embargo, la galería de los horrores que era norma en el mundo que rodea la investigación biomédica es desconocida para la mayoría de nosotros, y Skloot ofrece un relato espeluznante de las prácticas habituales durante gran parte del siglo pasado, en especial con poblaciones desfavorecidas como la comunidad afroamericana de EEUU.

Células HeLa observadas por microscopía de inmunofluorescencia

 

George Gey tuvo un gran éxito creciendo las células HeLa y hoy en día podemos afirmar, sin temor a exagerar, que todo laboratorio que trabaje con células humanas ha usado en algún momento, si no usa rutinariamente, esta línea celular. De hecho, se ha podido observar que una de las mayores contaminaciones en las líneas celulares que se distribuyen de laboratorio a laboratorio en el mundo, proviene de células HeLa creciendo como “invasoras” en los cultivos celulares. Alguien calculó una vez que la expansión de células HeLa a lo largo de los años ha llegado a generar un volumen tal de células que equivaldrían a 100 veces el Empire State Building de Nueva York (personalmente me parece un cálculo “arriesgado”). Pero esa distribución de células no fue siempre altruista y son muchas las compañías biotecnológicas que medraron a costa de vender viales de células HeLa a todos los laboratorios del mundo. Este hecho contrasta con la miseria con la que se han desenvuelto los herederos de Henrietta Lacks, sufriendo incluso para poder costearse la asistencia sanitaria cuando, paradójicamente, las células de su familiar han servido para ayudar en el avance de tantos campos de la biomedicina. En este sentido, el libro nos ofrece argumentos para el debate sobre quién se debe beneficiar de las investigaciones derivadas del uso de material biológico de pacientes y donantes anónimos. La batallas legales que se han librado hasta el momento no ofrecen lugar a la duda, nunca el paciente.

Rebecca Skloot ha construido un best seller alrededor de una historia científica

 

Finalmente, es también destacable el esfuerzo realizado por la escritora por acercarnos su experiencia ahondando en el entorno familiar de los Lacks, gente humilde y desgraciada, sin formación básica y que entiende muy a duras penas (también porque nadie hasta hoy se había preocupado de ello) que las células de su madre, tía, abuela, etc, estén aún hoy en día vivas en los laboratorios de todo el mundo, creciendo en frascos o placas de plástico, o formando parte de stocks congelados, y que los científicos las infecten con virus o las sometan a todo tipo de pruebas. De su íntima relación con algunos de los miembros de la familia se desprenden pasajes llenos de emotividad que ofrecen el ángulo más humano de todo el apasionante relato que rodea la historia de las células HeLa.

The Immortal Life of Henrietta Lacks, por Rebecca Skloot. Editorial Crown Publishing Group, Nueva York (February 2, 2010), idioma inglés. ISBN-10: 1400052173; ISBN-13: 978-1400052172.

Actualización 09/07/10, 12:31 am. La autora, Rebecca Skloot, nos ha confirmado vía Facebook que se está trabajando en una versión es español (además de en varios otros idiomas).

Rebecca Skloot: “Thanks for the review, and for sharing the link. A Spanish language edition is coming soon! It’s currently being translated into Spanish, French, Italian, Portuguese, Dutch, German, Hebrew, Japanese, and at least one Chinese language (I believe Taiwanese), as well as a few others. I’ll post information here and on my website (www.rebeccaskloot.com) as each edition becomes available.”

Notas curiosas:

– El libro va a ser llevado al cine de la mano de la popular Oprah Winfrey, Alan Ball, y la HBO. Desconocemos la posibilidad de una, más que recomendable, futura edición del libro en español.

– Pase de diapositivas relacionadas con el libro en el flickr de la autora:

http://www.flickr.com/photos/rebeccaskloot/sets/72157623243930457/show/

– Página web oficial sobre el libro de la autora:

http://rebeccaskloot.com/the-immortal-life/

Vídeo de las células HeLa en cultivo dividiéndose.

La nueva lápida que marca la tumba de Henrietta Lacks

 

Epitafio de la tumba de Henrietta Lacks:

Henrietta Lacks, August 01, 1920-October 04, 1951.

In loving memory of a phenomenal woman, wife and mother who touched the lives of many.

Here lies Henrietta Lacks (HeLa).  Her immortal cells will continue to help mankind forever.

Eternal Love and Admiration, From Your Family

Los secretos de una larga vida


En una entrada anterior contábamos la historia de la persona más longeva comprobada y registrada, la francesa Jeanne Calment, con sus 122 años y 164 días. Como decíamos, el interés de la ciencia en los centenarios (los que llegan a cumplir los 100 años) y los supercentenarios (aquellas personas que viven por encima de los 110 años) es encontrar qué es lo que tienen en común. La idea es intentar definir qué es lo que hace que cierta gente posea una salud que le permita llegar hasta edades tan avanzadas en buen estado, como primer paso para desarrollar algún tipo de tratamiento efectivo en el retraso de la aparición de las enfermedades asociadas al envejecimiento y, con ello, en la prolongación de la vida.

James W. Vaupel del MIPDR, coordinador del estudio "supercentenarians"

Uno de estos esfuerzos se ha plasmado en la creación de una ambiciosa “base de datos internacional sobre longevidad” (IDL). Un equipo internacional formado por investigadores de 13 países (USA, Canadá, Japón, Australia, Francia, Italia, España, Alemania, Suiza, Bélgica, Reino Unido, Dinamarca y Holanda) y coordinado por el Max Planck Institute for Demographic Research (MPIDR) en Rostock, Alemania, se ha pasado los últimos 10 años buscando en sus respectivos países a aquellos que hubiesen cumplido los 110 años o más. En total consiguieron reunir información de más de 600 supercentenarios. Además de supercentenarios, la investigación se ha expandido también para incluir datos de personas “más jóvenes”, los denominados semicentenarios (de entre 105 y 110 años de edad). No sólo recopilaron datos de interés científico, si no que además se dedicaron a documentar sus vidas personales, experiencias, etc. Uno de los mayores esfuerzos de este grupo de investigadores ha sido el establecer los criterios necesarios para validar las edades reales de la población a estudiar, ya que es muy frecuente que los datos sobre supercentenarios sean erróneos.

La mayoría de los supercentenarios son mujeres

La principal conclusión a la que han llegado los investigadores es que no existe un secreto para la longevidad. Los supercentenarios parecen ser tan diversos como los individuos de edades más jóvenes. Sin embargo, sí se pueden destacar algunas características comunes. La mayoría de los que llegan a los 110 años son mujeres, ninguno de ellos fumadores empedernidos, y que disfrutan de una salud, comparativamente, buena hasta alcanzar una edad muy avanzada. Además, el número de los que permanecieron solteros o tuvieron menos hijos que la media de la población, es mayor (a más de un casado/a con hijos/as esto no le sorprenderá …).

Las teorías evolucionistas sobre el envejecimiento predicen la existencia de algún tipo de “trato” evolutivo entre la supervivencia y la fertilidad. Según esta idea, los organismos emplearán sus recursos en conseguir descendencia a costa de sufrir un periodo de vida más corto y, al contrario, un menor gasto en reproducción implicará un periodo de vida más prolongado. Los datos encontrados por estos investigadores, por supuesto aún necesitando de un análisis detallado y una más amplia validación, apoyarían la idea de la existencia de genes que reducen la mortalidad a costa de la fertilidad.

Que los genes son importantes en determinar la longevidad viene derivado del dato de que la mayor longevidad es una característica muchas veces familiar. Pero por supuesto hay que tener también en cuenta que existen toda una serie de determinantes de la longevidad que pueden estar asociados a las familias sin que necesariamente tengan una base genética. Alimentación, poder adquisitivo, educación, etc, pueden ser condicionantes de la longevidad relacionados entre miembros de una misma familia sin que vengan determinados por los genes. Los estudios con gemelos son la mejor prueba de la base hereditaria de distintas características. Cuando estos estudios con gemelos se han aplicado al envejecimiento se ha llegado a la estimación de que un 25% de la variación en el periodo de vida podría ser atribuido a la variación genética entre la población.

Sin embargo, no se han encontrado hasta la fecha genes que ralenticen el envejecimiento de manera fehaciente. Únicamente existe un gen, el ApoE, para el cual se han descrito SNPs (polimorfismos de nucleótido simple que generan variaciones en cada una de las características que determinan los genes) que de alguna manera aumentan o disminuyen la posibilidad de morir a edades avanzadas.

Una de las conclusiones más relevantes del estudio con supercentenarios es que la mortalidad humana se equilibra en una probabilidad del 50% al año, al menos a partir de los 110 años. Cuando este proyecto con supercentenarios comenzó, se desconocía si la probabilidad de muerte proseguía aumentando según se cumplían más años, se equilibraba o disminuía. Esto querría decir que, como es obvio, cuanto más años, mayor es la probabilidad de morir, hasta alcanzar los 110 años. A partir de ese momento uno tiene una probabilidad del 50% de morir al año y esa probabilidad se mantiene constante desde entonces.

Por último, los investigadores tuvieron ocasión de comprobar que la gente que vive periodos de vida excepcionalmente largos no lo hacen tras sufrir un envejecimiento más lento, más gradual, si no porque alcanzan edades avanzadas con mejor salud. Es decir, el envejecimiento de los supercentenarios está retrasado, no decelerado. Encontrar cuál es el determinante de este “aplazamiento” en el proceso de envejecimiento, tendría un obvio interés por su tremenda repercusión sobre la salud humana.

Los coordinadores de este estudio publicaron sus conclusiones en un libro que está disponible (en inglés) online aquí:

Supercentenarians por Heiner Maier, Jutta Gampe, Bernard Jeune,
Jean-Marie Robine, James W. Vaupel (Editores). Springer Verlag. ISBN: 9783642115196.

“La ciencia se hace legible”


Si estás por Madrid este finde, una buena propuesta puede ser acercarse a la Feria del Libro que todos los años se celebra por estas fechas en el Parque del Retiro. Además de ser por sí misma una actividad interesante, una excusa extra puede ser acudir a la mesa redonda que la Sociedad Española de Bioquímica (SEBBM) y la editorial Hélice, especializada en publicaciones científicas, han organizado. Bajo el título “La ciencia se hace legible”, se reunirán autores de esta editorial, periodistas científicos y miembros del comité de divulgación de la SEBBM.

El cartel de la feria de este año, obra de Jorge Gay

El acto tendrá lugar el sábado 5 de junio a las 11:00 h. en el pabellón Carmen Martín Gaite de la Feria del Libro, y contará con la presencia de los autores José Antonio López (profesor de Microbiología y director de cultura científica del CBMSO-UAM), Gemma Rodríguez-Tarduchy (investigadora en el IIB “Alberto Sols” CSIC-UAM), José María Valpuesta (director del CNB-CSIC), Elena Fernández Ruiz (investigadora en el Hospital Universitario de la Princesa), Lorena Cabeza (periodista de la Unidad de Divulgación Científica de la UCM), y los miembros del comité de Divulgación de la SEBBM, Isabel Varela-Nieto (del IIB “Alberto Sols” CSIC-UAM) y Álvaro Martínez del Pozo (de la UCM).

En palabras de los propios organizadores, la intención es “reunir a los distintos agentes que hacen posible la promoción y divulgación de la ciencia (editoriales, autores científicos, entidades  públicas y privadas, periodistas, etc.),  para debatir sobre el estado de la cultura científica”.

Por supuesto también la editorial Hélice aprovechará para repasar los títulos publicados hasta el momento y la SEBBM presentará su portal Internet.

Trick or Treatment: Alternative Medicine on Trial, por Simon Singh y Edzard Ernst


En “Trick or Treatment“, Simon Singh y Edzard Ernst realizan un exhaustivo repaso de las evidencias científicas detrás de los anuncios de extraordinarios efectos en la salud de las denominadas “medicinas alternativas y complementarias“. Para los menos ilusos no supondrá ninguna sorpresa conocer de manera rigurosa la ineficacia de la inmensa mayoría de estos tratamientos, pero resulta entretenido e informativo el relato que estos autores hacen de conceptos básicos y de la historia del ensayo clínico, el efecto placebo, etc.

Edzard Ernst es nada menos que el primer profesor en medicina complementaria de la universidad de Exeter y lleva toda una vida dedicada al estudio riguroso de la eficacia y seguridad de los tratamientos alternativos. Simon Singh es periodista y escritor especializado en ciencia, autor de programas radiofónicos y de televisión. Entre sus libros anteriores figuran algunos tan recomendables como “Fermat´s Last Theorem” o “The Code Book“.

Ernst y Singh

Además de introducir conceptos como el ensayo clínico, el efecto placebo o la medicina basada en la evidencia, los autores hacen un minucioso repaso de los principios básicos, la historia y las evidencias de cada uno de los cuatro campos fundamentales de la medicina alternativa de nuestros días. Estos son: la homeopatía, la quiropráctica, la acupuntura y las hierbas medicinales. No salen muy bien paradas ninguna de estas prácticas, pero es en el detalle del análisis de sus principios básicos y los resultados disponibles sobre su eficacia donde el libro presenta con rotundidad sus conclusiones. Estas cuatro formas de medicina alternativa se ven complementadas con el análisis más somero de otras 36 formas distintas de terapias alternativas, culminando con ello todo un tratado que bien sirve de enciclopedia de referencia sobre todas estas prácticas.

Esta rigurosidad y afán por cubrir todas las formas de terapia alternativa supone en ocasiones que el libro se haga algo repetitivo y tedioso, pero bien pueden usarse estos apartados más exhaustivos como obra de referencia y disfrutar de la lectura del resto.

Página web oficial del libro: Trick or Treatment

Trick or Treatment: Alternative Medicina on Trial por Edzard Ernst y Simon Singh (Bantam Press) ISBN: 0593061292