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¿Cuál es el límite de la vida humana?


Los que se interesan por la posibilidad de detener el proceso de envejecimiento y con ello prolongar la vida, se plantean la pregunta, ¿cuál es el límite de la vida humana? Sin duda, si observamos a los ancianos más longevos de nuestras sociedades, obtendremos la respuesta sobre cuál es el límite máximo esperable para la especie humana. Seres mitológicos, fantásticos y demás aparte, la persona más longeva registrada y comprobada fue la francesa Jeanne Louise Calment. Nacida en Arlés, un pueblecito del sur de Francia, el 21 de Febrero de 1875 y fallecida en el mismo sitio el 4 de Agosto de 1997. Vivió pues 122 años y 164 días (lo que representa 122,449 años en total).

El caso de Jeanne Calment se dio a conocer de una manera totalmente fortuita. A sus 110 años, en 1985, había entrado a residir en una casa de ancianos de su pueblo natal. Cuando unos años más tarde, en 1988, Arlés se preparaba para el centenario de la visita de unos de sus más ilustres vecinos, el pintor Vincent van Gogh, unos asombrados periodistas oyeron de boca de Calment los recuerdos de sus encuentros con el famoso pintor en su juventud, cuando éste visitaba la tienda de su padre.

Tras la visita de los periodistas en su residencia de Arlés, la anciana Calment recibió el título de persona más anciana del mundo por el libro Guinness de los Récords. Sin embargo, en 1989, una norteamericana llamada Carrie C. White, reclamó ese título para ella, pues afirmaba haber nacido en 1874, generando no pocas dudas.

Cuando en 1991 la norteamericana falleció, Jeanne Calment, a sus 116 años, pasó a ser reconocida sin duda como la persona más anciana con vida. Pero además, el 17 de Octubre de 1995, y con 120 años y 238 días, se convirtió en la persona más longeva que jamás haya vivido, de manera fehaciente, llevando esta “marca” hasta los ya mencionados 122 años y 164 días.

Resulta difícil hacernos una idea de lo que supone una vida tan prolongada. Baste decir que, además de haber conocido a van Gogh, Calment aseguraba haber asistido al funeral de Victor Hugo, tenía 14 años cuando la Torre Eiffel fue terminada, cumplió los 40 durante los primeros meses de la Primera Guerra Mundial y alcanzó la edad de jubilación en la Segunda Guerra Mundial. Jeanne se casó en 1896 y vivió 55 años después de la muerte de su marido. Tuvo una hija, y vivió 63 años después del fallecimiento de ésta. Y por último, vivió 37 años después de la muerte en accidente automovilístico de su nieto.

Jeanne Calment fue toda su vida una persona muy activa, llegando incluso a practicar actividades físicas a una avanzada edad. Por ejemplo, practicó esgrima hasta los 85 años y montaba siempre en su bicicleta hasta cumplir los 100. A muchos les gusta destacar de su biografía que Jeanne Louise era fumadora, y que solo dejó de fumar a los 117 años, porque al quedar ciega le daba vergüenza pedir fuego para sus cigarrillos. Lo cierto es que su hábito se reducía a un par de cigarrillos diarios, por supuesto nada aconsejables, pero tampoco su declarado consumo de alguna copa de vino de vez en cuando puede ser esgrimido como la razón de su longevidad. A sus 114 años sufrió una caída que le obligó a someterse a una operación de cadera en enero de 1990, convirtiéndose así en la persona verificada más anciana sometida a cirugía. Pese a que tras la operación se vio obligada a hacer uso de una silla de ruedas, Jeanne Louise se mantuvo siempre activa y parlanchina, recibiendo visitas constantes hasta que cumplió los 122 años, cuando su estado de salud sufrió un declive considerable, falleciendo 5 meses después. En su familia son varios los ejemplos de prolongada longevidad. Así, su hermano vivió hasta los 97, su padre hasta los 93 y su madre hasta los 86. ¿Supone esto la existencia de una base genética que determina la longevidad?

Entre las anécdotas que se cuentan de la vida de Jeanne Calment, una de las más divertidas es la que hace referencia al trato que firmó con el abogado François Raffray (divertida salvo para él, claro está). En 1965, a los 90 años, siguiendo una práctica bastante habitual en Francia, Calment vendió su casa sin perder su propiedad a Raffray para, de esta manera, obtener unos ingresos extra mientras viviese. En el momento del acuerdo, el valor de la casa de Calment equivaldría a unos 10 años de renta que tendría que pagar Raffray, si no moría antes Calment, momento en el cual Raffray pasaría a ser dueño de la casa. En su momento, Raffray, con 47 años, hizo sus cálculos y no dudó en que el acuerdo era muy ventajoso para él. Evidentemente no podía sospechar que le quedaban más de 30 años por delante que pagar, y menos aún que la anciana Calment viviría más que él mismo, teniendo su viuda que hacerse cargo del pago tras su muerte durante 3 años más.

Más allá de todas las divertidas y sorprendentes anécdotas que podemos disfrutar con un ejemplo como este de vida extremadamente prolongada, ¿qué podemos aprender de los centenarios? Son muchos los investigadores que afirman que es en su ejemplo en donde debemos fijar nuestra atención para determinar cuáles son los secretos moleculares que determinan una vida extraordinariamente prolongada. Identificar las vías moleculares no es tarea sencilla, establecer una relación causal con la extensión de la vida más allá de toda duda es aún más complicado, saltar sobre la primera evidencia que se nos presente para plantear una estrategia terapéutica del envejecimiento es osado e irresponsable.

La prolongada vida de Jeanne Calment en fotos

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