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Greenpeace contra las patentes de células madre


Un aspecto interesante derivado del caso al que hacíamos referencia anteriormente, el relativo a la sentencia dictada por el Tribunal de Justicia de la Unión Europea el pasado 18 de Octubre, en el caso que enfrentaba a la conocida organización ecologista Greenpeace con el neurocientífico alemán Oliver Brüstle, de la Universidad de Bonn, es el del papel que en todo esto juega Greenpeace.

Como recordarán, este científico había solicitado la concesión de una patente sobre métodos que permitían diferenciar células madre embrionarias a células precursoras neurales, con el objetivo de su posible futuro uso en medicina regenerativa. Esa patente fue cuestionada por Greenpeace como contraria al derecho europeo que regula el uso de material biológico y protege a los embriones humanos contra su comercialización, y el asunto acabó en el Tribunal de Justicia de la Unión Europea para que se pronunciase al respecto, con las consecuencias negativas para la investigación en células madre embrionarias que ya discutimos con anterioridad.

¿Cuál es el punto de vista de Greenpeace en este asunto y en general en lo relativo a la investigación con células madre embrionarias? Para tener una idea lo más aproximada posible a la visión oficial de Greenpeace al respecto quizás pueda resultar ilustrativo echar un vistazo al artículo de análisis publicado en el diario El País por Christoph Then, asesor de Greenpeace Alemania y autor del recurso que ha motivado el fallo del Tribunal de Justicia de la Unión Europea contra las patentes en células madre embrionarias.

Chirstoph Then, asesor de Greenpeace que formó parte del litigio contra la patente que usaba células hES

El artículo, titulado de manera muy efectista “El ser humano como producto”, comienza directamente posicionándose en contra de la patentabilidad de productos biológicos, justificando su oposición a patentar la vida en su convicción de que extender el derecho de patente a cualquier forma de vida natural supone un uso incorrecto del derecho. Es decir, para Greenpeace, derivar cualquier producto biológico a partir del ser humano para su uso biotecnológico en salud es equivalente a usar el ser humano en si mismo y por tanto no es ético. Por tanto, ¿emplear el gen de la insulina humana para introducirlo en bacterias recombinantes y producir así insulina para el tratamiento de diabéticos no sería ético y constituiría un ejemplo de “patentar la vida”? ¿Tratar a pacientes con interferón, anticuerpos monoclonales, citokinas, etc, no es considerado ético según su código de honor? ¿Cultivar piel en laboratorio para tratar graves quemaduras es un uso injustificado de un producto biológico derivado de un humano?

Hace referencia Christoph Then de manera velada al litigio relacionado con las patentes de los genes de susceptibilidad a cáncer de mama y ovario, BRCA1 y BRCA2 por parte de la compañía Myriad, que levantó mucha polvareda y finalmente fueron desestimadas. Para ello dice que “en muchas ocasiones, las patentes de genes humanos han supuesto una traba al desarrollo y la investigación”, aunque no está claro cuál es la relevancia de los casos citados para el asunto que nos concierne de las células madre embrionarias humanas.

Continua el asesor de Greenpeace haciendo referencia a Monsanto y las semillas modificadas genéticamente para establecer un supuesto paralelismo con la patentabilidad de invenciones que implican a células madre embrionarias. Proclama solemne que “si se permite patentar embriones y óvulos, el ser humano se convertirá simplemente en un producto comercial”. Una afirmación sin duda que pone los pelos de punta, pero poco ajustada a la realidad, puesto que nadie ha discutido la exclusión de patentabilidad de los citados embriones y óvulos, que se encuentra explícitamente recogida en la legislación europea relativa a la protección jurídica de las invenciones biotecnológicas.

EPO, organismo encargado de la aplicación administrativa del Convenio sobre la Patente Europea

A continuación, Christoph Then nos sale con una afirmación falsa, cuando asegura que “La Oficina Europea de Patentes prohibió en 2006 las patentes de células madre embrionarias porque el derecho europeo prohíbe las patentes de embriones humanos para usos comerciales”. La EPO ha estado concediendo patentes de invenciones que implicaban el uso de células madre embrionarias siempre que se hubiesen solicitado con fecha posterior al establecimiento de líneas de células madre embrionarias en cultivo, puesto que no implican el uso o destrucción de nuevos embriones, si no echar mano de líneas celulares en cultivo ya establecidas y disponibles en bancos de células. Basta con consultar la base de datos Espacenet.

Culmina el artículo felicitándose por la decisión judicial por cuanto considera que “impedirá el control de la vida por unos pocos”. Es decir, le importa un carajo a Greenpeace si proteger bajo patente una invención que implica el uso de células derivadas de embriones humanos es ético o no, si no que lo que realmente le preocupaba, según declaraciones de su asesor, es que ese control se ejerciese por unas pocas (¿cuántas serían deseables?) empresas de biotecnología. Asegura además que esta decisión se produce “sin que esto suponga un límite a la investigación”. Curioso, justo lo contrario que las más importantes organizaciones que agrupan a investigadores en el campo de las células madre, como la internacional ISSCR o la europea EuroStemCell.

En resumen, el típico mensaje apocalíptico, simplista y tecnófobo al que cada vez más nos tiene acostumbrados una organización como Greenpeace, que les lleva a alinear sus posturas con los sectores más conservadores de la curia romana y el ala más radical del partido republicano estadounidense, por poner solo algunos ejemplos representativos de sus posturas.

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