HeLa en español


En este blog hablamos ya con anterioridad del sensacional libro “The immortal life of Henrietta Lacks”, de la periodista estadounidense Rebecca Skloot, y celebramos su tremendo éxito de ventas y crítica. Pues bien, desde hoy mismo 07/06/2011, tenemos ocasión de disfrutar de este interesantísimo libro también en castellano, en su edición por la editorial Temas de Hoy y bajo el título “La vida inmortal de Henrietta Lacks”.

Recordemos que el libro es de “no ficción”, puesto que narra las vicisitudes que rodearon el hito científico del establecimiento de la primera línea celular humana en cultivo, las archi-famosas células HeLa; pero a su vez desarrolla de manera magistral toda la historia familiar de los descendientes de Henrietta Lacks, la paciente afroamericana de la que se extrajeron las células (de ahí el nombre de las células, HeLa, de Henrietta Lacks) y las consideraciones éticas derivadas de la explotación comercial de un material biológico extraído de una paciente pobre sin su consentimiento.

Temas de Hoy destaca el lanzamiento del libro con el siguiente comentario:

Esta es la apasionante historia de una mujer cuyos tejidos han salvado la vida a millones de personas en todo el mundo.”

¡Altamente recomendado!

Ficha técnica

  • Fecha de publicación: 07/06/2011
  • 448 páginas
  • ISBN: 978-84-8460-993-3
  • Código: 10002813
  • Formato: 15,5 x 23,5 cm.
  • Encuadernación: Rústica con solapas
  • Colección: Fuera de Colección
  • Traductor: María Jesús Asensio Tudela

Booktrailer en YouTube (en inglés): http://www.youtube.com/watch?v=1vow1ePzuqo

GWAS – Estudios de asociación del genoma completo


En muchas ocasiones nos topamos con noticias que hacen referencia a estudios que han descubierto marcas genéticas asociadas a tal o cual enfermedad, o que predisponen a tal o cual característica. Un ejemplo típico en tiempos recientes es la investigación de la base genética que predispone a una mayor longevidad. Los primeros estudios ya han ido apareciendo, no exentos de polémica, y sin duda en próximas fechas asistiremos a otros nuevos esfuerzos por desentrañar las fechas de caducidad que figuran inscritas en nuestros genomas.

Para abordar experimentalmente este tipo de proyectos, los investigadores hacen uso de lo que se conoce como estudios de asociación de genoma completo, (o GWAS, de sus siglas en inglés). Los GWAS son análisis comparativos del genoma entero de un grupo de individuos con una característica común, frente al de la población general. Normalmente, el grupo de estudio está formado por gente que sufre una enfermedad o posee una característica que se considera heredable, es decir, codificada en su genoma. Las comparaciones se realizan habitualmente fijándose únicamente en los SNPs, o polimorfismos de nucleótido simple, considerados la mayor fuente de variación genética en una población. Estos SNPs son marcas abundantes y uniformes a lo largo del genoma de un individuo y, sorprendentemente, suelen ubicarse en regiones que no codifican productos proteicos. Gracias al desarrollo de chips de SNPs, superficies sólidas en las que se imprimen fragmentos de ADN que representan cada una de estas variaciones, los investigadores pueden escanear el ADN extraído de una muestra obtenida con un bastoncillo de la cara interna de la mejilla, a lo CSI, para dibujar un mapa genético de cada individuo. La comparación de un elevado número de individuos del grupo de estudio frente al grupo control, permite establecer si existen SNPs que se asocien con la característica de estudio.

Este tipo de aproximaciones han llevado en los últimos años a la identificación de un buen número de SNPs (unas 4000 según el último recuento y creciendo día a día) ligadas a distintas enfermedades (alrededor de 200) con una base genética compleja, tales como la obesidad, la hipertensión, la enfermedad de Crohn, …, e incluso se han aplicado al estudio de la longevidad extrema, la de los individuos que soplan más de 100 velas en sus tartas de cumpleaños.

Tests para calcular tu esperanza de vida


Existen multitud de estudios que tratan de establecer asociaciones entre datos de lo más diverso y la esperanza de vida. Sin duda, el envejecimiento es un proceso multifactorial moldeado por infinidad de detalles que pueden determinar una mayor o menor longevidad. Basándose en muchas de estas cosas que sabemos, se han propuesto diversos tests de longevidad. No dejan de ser un intento bastante modesto de capturar toda la complejidad del proceso de envejecimiento, pero pueden resultar divertidos (si no se toman con excesivo rigor) e ilustrativos del tipo de factores que influyen en el número de años que seremos capaces de sobrevivir: Sexo (el “sexo débil” vive más), estado civil (los hombres casados son más longevos, para las mujeres el beneficio no está tan claro), nivel de ingresos (una vez más el dinero es importante), ejercicio físico (el deporte alarga la vida), una personalidad positiva (sonría por favor), la longevidad de tus ancestros (¿y tú de quién eres?), etc.

Los que son verdaderamente profesionales del cálculo de tu esperanza de vida son, ¡las aseguradoras! Aquí tienes un ejemplo desarrollado por UNESPA (Asociación Empresarial del Seguro): http://simuladores.unespa.es/

Algunos de los tests más recomendables que podemos encontrar en Internet (en inglés):

- El de magnífica web Word Life Expectancy, http://www.worldlifeexpectancy.com/le_test.php

- El de la web Living To 100, basada en el libro del mismo nombre de Thomas Perl, investigador del envejecimiento de la Universidad de Boston, http://calculator.livingto100.com/calculator

La Química se cuela en la Feria. ReaC=Ciones de LiBro


Con motivo de la celebración de la Feria del Libro del Parque del Retiro de Madrid, y por segundo año consecutivo, la SEBBM y la editorial científica Hélice (presentes en la caseta #233 durante toda la feria) colaboran en la organización de un encuentro entre científicos y el público asistente a la feria, titulado “La Química se cuela en la Feria. ReaC=Ciones de Libro“.

El encuentro, que se celebrará a las 18 h del próximo 29 de mayo en el Parque de El Retiro (Pabellón Carmen Martín Gaite), reunirá a representantes de esta editoriale, autores científicos, entidades públicas y privadas, periodistas, etc, para debatir sobre el estado de la cultura científica, poniendo especial énfasis en los actos programados con motivo del Año Internacional de la Química. También se repasarán algunos de los títulos publicados por Hélice, y se presentará el proyecto de divulgación científica de la SEBBM.

En la mesa redonda participarán Bernardo Herradón, investigador científico del CSIC; Alicia Irurzun, directora de la editorial Hélice; Jorge Laborda, químico y autor del libro “Luna y Civilización. Revelaciones de la Luna sobre la vida y la inteligencia en el universo“; Federico Abascal, bioquímico y autor del libro “La vida que llevamos dentro: genes, células, historia y más“; Emilio Cáceres, biólogo y licenciado en Ciencias Ambientales, autor del libro “Creacionismo y Diseño Inteligente frente a Evolución: un debate inexistente“; María de los Ángeles Pajares, investigadora científica del CSIC y miembro del Grupo de Divulgación de la SEBBM; y Manuel Seara, biólogo y periodista científico.

En breve:

  • Qué: Mesa redonda científica
  • Cuándo: Domingo 29-05-11
  • Dónde: Pabellón “Carmen Carmen Martín Gaite” de la Feria del Libro de Madrid, en el Parque del Retiro.
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Fuente de la Eterna Juventud en Quo


Recientemente Jorge Alcalde, director de la revista de divulgación científica Quo, se puso en contacto conmigo para conocernos y explorar la posibilidad de establecer una colaboración con la revista. Fruto de ese primer encuentro se publica ahora en el número de Junio de la revista mi primera colaboración, con un artículo dedicado al concepto de “edad biológica” frente al de “edad cronológica”.

Todos sabemos de la importancia de nuestro aspecto físico exterior, especialmente dentro de nuestra cultura latina, en donde muchas veces la apariencia lo es todo. Una de las características fundamentales que a partir de cierta edad buscamos, es la de aparentar menos años de los que tenemos. Ya lo dijo el ilustre Quevedo en el Siglo de Oro español, “todos anhelamos llegar a viejos, pero todos negamos haber llegado”. Los signos del envejecimiento son percibidos por la mayoría como elementos de decrepitud e incapacidad, y pese a valorar positivamente los conocimientos y la experiencia de nuestros ancianos, la presencia de arrugas en nuestra piel son un recuerdo del inexorable paso del tiempo y un aviso de nuestra aproximación a un periodo de nuestra vida incierto y que tememos lleno de disfuncionalidad. Por eso, nos enorgullecemos cuando nos encontramos con antiguos compañeros a los que a lo mejor hace décadas que no vemos y nos dicen “por ti no pasan los años, estás como siempre”. Aunque lo cierto es que aún nos satisface más comprobar que aquel compañero de universidad, o aquella amiga del colegio, muestran claros signos del paso del tiempo comparados con nosotros.

Pero el aspecto físico externo no es un indicador fiable del estado de salud interno. Gente de magnífico aspecto exterior cae fulminada tras un ataque cardiaco o sufre una embolia cerebral incapacitante. Cuando vamos a comprar un automóvil de segunda mano sabemos que no debemos guiarnos únicamente por el aspecto exterior, puesto que la carrocería puede estar muy bien, estamos muy bien de chapa; pero el motor … el carburador, los manguitos, la batería, etc, hacen aguas y muestran la verdadera edad del automóvil.

Desde hace años surgió por todo ello el concepto de “edad biológica” en contraposición al más habitual de “edad cronológica”. Todos entendemos de una manera intuitiva lo que representa la edad cronológica, puesto que estamos familiarizados con la convención universal de medida del tiempo y solemos contar el paso del mismo en años desde la fecha de nuestro nacimiento. Es un criterio administrativo de gran importancia que marca hechos trascendentales en nuestra vida como pueda ser el derecho al voto o la jubilación. Aunque quizás en estos momentos hacer referencia a la jubilación como ejemplo, sirva más para ilustrar el carácter relativo del tiempo. Tiene por tanto un valor social o legal más que biológico.

El concepto de edad biológica, sin embargo, es más reciente y difícil de precisar, puesto que no sabremos dónde mirar para encontrar una respuesta a la pregunta “¿cuál es tu edad biológica?”. La edad biológica sería la relativa al estado funcional de nuestros tejidos y órganos. Es por tanto un concepto fisiológico. Determinar con precisión nuestra edad biológica puede ayudarnos a entender y prevenir futuros problemas de salud relacionados con enfermedades asociadas al envejecimiento, tales como las enfermedades cardiovasculares, la diabetes, la osteoporosis o el cáncer. Sin embargo, del mismo modo que sabemos que la edad cronológica y la biológica no tienen por qué ir necesariamente de la mano, y un aspecto exterior juvenil no tiene por qué estar relacionado con un edad joven, y viceversa, la edad biológica no tiene por qué ser igual para cada tejido u órgano de nuestro organismo. Dependiendo de las características propias de nuestros tejidos y del uso (o maluso) dado a cada uno de ellos, podemos tener un corazón joven, pero unos riñones ancianos; o un sistema inmune debilitado y una mente despejada. Entonces, ¿cuál sería el calendario o el reloj en donde poder consultar nuestra edad biológica? Son muchos los parámetros fisiológicos que se han propuesto como reflejo exacto del estado de salud de nuestros organismo. Uno de los problemas de partida en la búsqueda de biomarcadores del envejecimiento es establecer un patrón de referencia a una determinada edad que sirva para comparar los datos que obtengamos de mediciones posteriores. ¿Cómo sabremos a partir de qué medida entramos en una condición de envejecimiento o no? ¿Cómo sabremos si nuestro biomarcador nos indica que hemos superado la barrera del estado saludable para internarnos en el área de la patología?

Pero antes de nada debemos intentar precisar más cómo podemos determinar nuestra edad biológica. Quizás podamos rellenar alguno de los múltiples cuestionarios online que se ofrecen en internet como método infalible para el cálculo de nuestra edad biológica o, visto desde otra perspectiva, cuántos años de vida nos quedan por delante. O podemos acudir a una de las clínicas que proliferan especializadas en el tratamiento “antiaging” y que, como primer paso, nos someterán a todo tipo de determinaciones de metabolitos en sangre y medida de niveles de hormonas. Las pruebas analíticas metabólicas a partir de muestras de sangre son las habituales a las que estamos familiarizados cada vez que nuestro médico solicita un análisis de sangre para comprobar de manera general cuál es nuestro estado de salud. Sin duda serán útiles para comprobar cómo nos encontramos físicamente, pero realmente no atienden a ningún aspecto concreto derivado del envejecimiento. Si bien es cierto que podemos establecer una relación entre peores parámetros analíticos durante la vejez, no es menos cierto que podemos encontrar ancianos con niveles envidiables de colesterol, azúcar, etc. Las medidas de niveles hormonales por su parte están muy de moda, puesto que es bien conocido que los niveles de estrógenos, testosterona o de hormona de crecimiento disminuyen claramente con la edad, especialmente cuando superamos la cuarentena, edad en la casi todos experimentamos un súbito interés por estos temas relacionados con el envejecimiento. No obstante, su relación con el proceso de envejecimiento no es clara y poseen un peligroso perfil al que posiblemente derivemos en un futuro próximo si no sabemos ponerle coto a tiempo. Siguiendo el camino ya andado en países como Estados Unidos, que siempre actúan a modo de bola de cristal en la que consultar cuál puede ser nuestro futuro como sociedad, podemos terminar asistiendo al triste espectáculo de terapias antienvejecimiento a base de inyecciones hormonales en clínicas incontroladas, en lo que podría terminar siendo una Operación Puerto Edición Tercera Edad. Las clínicas más esotéricas puede que incluso decidan medir nuestros campos y flujos energéticos, procedentes de no-se-sabe qué energías. En contraposición a estas cuestionables prácticas, ¿qué biomarcadores de envejecimiento propone la ciencia?

Un año de Fuente de la Eterna Juventud


Pues pasito a pasito ha transcurrido ya un año desde que me planteé “y esto de hacer un blog, ¿cómo va?”. He de confesar que mi interés inicial era simplemente lanzarme a escribir. Escribir sobre todo aquello que me había fascinado durante mucho tiempo y que tenía que ver con la investigación biomédica del envejecimiento, un aspecto de la investigación en biología molecular que se había cruzado, aunque sólo fuese de manera tangencial, con mi propio trabajo de investigación desde hacía años.

Mi ignorancia sobre el funcionamiento del mundo de los blogs (ciertamente aún no superada ni de lejos) no me detuvo, puesto que estaba claro que esa era la vía adecuada. Tenía grandes ejemplos que me servían de inspiración y dejaban claro el poder y la valía de los blogs como fuente de comunicación. Ahí estaba Chema Mateos y “Las Penas del Agente Smith”, Javier Armentia con “Por la boca muere el pez”, o Lucas Sánchez y su “Sonicando”. Y también estaba Ester Samper y su “MedTempus”, Juan Ignacio Pérez Iglesias y “Ciencia y Humanismo”, EC-JPR con “Per ardua ad astra”, Eugenio Manuel en “Ciencia en el XXI”,o César Tomé y su “Experientia docet”. Eso sólo por citar unos pocos de las decenas y decenas de blogs que ofrecen información, reflexión y crítica de asuntos relacionados con la ciencia y el pensamiento crítico.

En este año no sólo he ido aprendiendo unos pocos truquillos básicos sobre cómo funciona el mundo de los blogs, si no que he tenido ocasión de conocer a gente maravillosa y con enorme capacidad de divulgar, hacer pensar y hasta de entretener. El blog ha ido creciendo (poco) cada día, con gente que se ha ido acercando y mostrando su interés por un tema que nos afecta a todos y que constituye un reto científico de enormes dimensiones. Desentrañar el proceso molecular y celular que constituye el envejecimiento, y diseñar posibles estrategias derivadas de esa investigación que quizás un día nos permitan enfrentar las dolencias más comunes que nos acompañan en la recta final de nuestras vidas, son un reto para la investigación biomédica de nuestros días en un mundo cada vez más anciano.

Como derivación de la actividad en este blog, he tenido ocasión de participar como ponente en la sensacional serie de conferencias “Escépticos en el Pub”; el blog fue referenciado en Radio 5 de RNE dentro del programa A Su Salud de Manolo Moraga, con quien tuve el privilegio también de colaborar en un suplemento temático sobre investigación del cáncer y otro sobre investigación del envejecimiento; y participé comentando un par de noticias sobre investigación de envejecimiento en la tertulia de Luis Herrero en esRadio. Fui además invitado a unirme a la secta de dominación mundial que es Amazings.es, el blog de blogs de ciencia más importante de la red.

Todas estas actividades han ido surgiendo de manera totalmente inesperada por mi, pero son una satisfacción, de nuevo, porque reflejan que existe un gran interés por este tema. Sin duda, en el futuro surgirán nuevas oportunidades de difundir y acercar más la información sobre la investigación del envejecimiento y espero poder hacerlo lo más acertadamente posible.

Muchas gracias por leer Fuente de la Eterna Juventud.

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Todo lo que siempre quiso saber sobre el resveratrol y no se atrevía a preguntar 5


Hemos repasado aquí, a lo largo de una miniserie de entradas (1, 2, 3 y 4), la historia del resveratrol; la evidencia científica detrás de este famoso compuesto, los datos de los que disponemos sobre su actividad, sus no probados beneficios para la salud y su verificada inutilidad promoviendo la longevidad. Sin embargo, muchos habrán oído, visto o leído la publicidad de una de las compañías que apostaron fuerte por este compuesto dentro de su línea de negocio. Hablamos del Revidox de la compañía española Actafarma. A poco que busquen encontrarán todo tipo de informaciones en forma de artículos periodísticos que asemejan más panfletos publicitarios que información independiente y contrastada, uno de los males del periodismo de nuestra época. Incluso reportajes televisivos y vídeos promocionales. Si se pasean por las calles advertirán que en los escaparates de las farmacias abundan los carteles publicitarios de este producto.

Hace dos años ahora, asistimos al lanzamiento de este “complemento alimenticio” (que no fármaco, no se dejen engañar por su envoltorio) a bombo y platillo, y con la presencia de investigadores del Centro de Edafología y Biología Aplicada del Segura (CEBAS) de Murcia, España, perteneciente al CSIC, como respaldo y marchamo de garantía científica. Nos dijeron que asistíamos a una auténtica revolución, un avance mundial, un producto que iba a retrasar nuestro envejecimiento activando los genes de la longevidad (las sirtuinas) y a prevenir importantes problemas de salud. Las afirmaciones son de enorme alcance. Uno supondrá que realmente aquí hay años de investigación concienzuda y numerosos trabajos que certifiquen semejantes afirmaciones extraordinarias. Nos ponían a nuestra disposición nada menos que un “elixir de la juventud” a base de uvas (el equivalente a 45 botellas de vino decían) concentradas en una cápsula por algo más de 1 euro cada una. Barato, si pensamos que a cambio previene el desarrollo de cáncer, nos reduce las enfermedades cardiovasculares y es eficaz frente a procesos inflamatorios, y por supuesto todo ello redondeado con años extra saludables (la manida frase de “poner vida a los años y no años a la vida” y bla, bla, bla). Hasta una piel lustrosa y un cabello bonito nos prometen con una cápsula diaria. Una ganga.

Pero están hablando del resveratrol, ese compuesto sobre el que hemos desarrollado 4 entradas siguiéndole la pista, desde su alumbramiento como compuesto anti-envejecimiento en el laboratorio de David Sinclair y sus posteriores vicisitudes (por cierto, ninguna de ellas llevada a cabo de manera destacada por investigadores del CSIC), y sobre el que existen publicaciones que demuestran que NO prolonga la vida de los ratones, y del que se duda que lo haga en organismos inferiores como el gusano o la mosca. El mismo que se ha comprobado que no es capaz de activar a las sirtuinas y del cual no se tiene ningún dato clínico que avale ninguna acción beneficiosa para la salud. No puede ser, si dicen que es un producto desarrollado por el CSIC, avalado y con miles de publicaciones que respaldan su beneficio para la salud. Nada menos que 5230 “estudios clínicos” dicen que avalan la eficacia de su producto. Curioso, teniendo en cuenta que se han publicado hasta la actualidad según PubMed, la base de datos de publicaciones científicas, algo menos de 4000 artículos que mencionan la palabra “resveratrol”. Por supuesto en su inmensa mayoría no son ensayos clínicos y en ningún caso, en la actualidad, se ha descrito ningún ensayo clínico con resultados positivos para la salud. ¿Cómo es esto posible?

Bueno, quizás convendría empezar por aclarar que el “aval” científico y el desarrollo de producto llevado a cabo por el CSIC, consistió en la obtención por parte de un grupo de investigadores del mencionado CEBAS, de un método para incrementar la presencia de resveratrol en la uva. Este procedimiento consiste en irradiar con rayos UVC las uvas tras su recolección, empleando una cinta transportadora sobre la que discurren los racimos por una especie de túnel iluminado con lámparas de rayos UVC. Este procedimiento se observó que induce “daño” en las uvas y que, como respuesta, las uvas incrementan la cantidad de resveratrol. Si recordamos, el resveratrol es una fitoalexina, es decir, un compuesto antimicrobiano que se sintetiza y acumula en plantas en altas concentraciones, como respuesta a agresiones. Los investigadores, además de publicar estos datos en una revista científica, son los inventores de una patente solicitada por el CSIC sobre este método. La examinadora de la Oficina Española de Patentes y Marcas (OEPM) reflejó en su “Informe sobre el estado de la Técnica” que existen al menos siete documentos que comprometen la patentabilidad de la invención. De las tres reivindicaciones de la solicitud de patente, la primera es la fundamental y se encontraba ya recogida en estas publicaciones anteriores. Las otras dos reivindicaciones, las consideradas reivindicaciones dependientes, definen simplemente formas preferidas de llevar a cabo alguno de los aspectos de la primera de las reivindicaciones. No obstante, dado que el CSIC optó por el procedimiento de “concesión sin examen previo” (lo que supone un coladero de cualquier presunto invento), la patente ES 2177465 B1 finalmente se concedió. Por ello, el procedimiento patentado parece no describir nada nuevo y, por tanto, la patente es probablemente nula. Pese a estas evidentes objeciones, Actafarma decidió pagar por licenciar esta patente, si bien es cierto que con ello no sólo consiguió un supuesto monopolio en España sobre un método para incrementar la presencia de resveratrol en las uvas antes de su extracción, sino que también obtuvo un “marchamo” de seriedad científica ligando el nombre de una institución científica de prestigio como es el CSIC a su producto. Por su parte, los investigadores comparten con el CSIC los ingresos por la licencia (art. 20 Ley de Patentes). Además, precisamente la existencia de estos ingresos permite que se pueda valorar la patente como mérito investigador pese a haber sido concedida sin examen previo.

Nos encontramos en definitiva, con un producto que consiste básicamente en 8 mg de resveratrol en cápsula, una concentración realmente testimonial si la comparamos con la empleada en ensayos con animales de experimentación, o con los ensayos clínicos que se están intentando llevar a cabo con humanos (del orden de gramos). Obtenidos tras irradiar con UVC las uvas recolectadas, siguiendo lo publicado por investigadores del CSIC y según se recogió en una solicitud de patente, lo cual constituye la única implicación de este organismo de investigación, nada que ver con una supuesta actividad o efecto del resveratrol sobre la salud, como parecen querer hacernos creer. Vendidos bajo afirmaciones relativas a la prolongación de la longevidad, la lucha contra el envejecimiento y el beneficio para la salud de la prevención del cáncer, la mejora de la salud cardiovascular, etc., todas ellas afirmaciones no probadas y que incluso podrían terminar siendo contrarias a los efectos reales de esta molécula. Todo ello como resultado de un “arduo proceso de actividad investigadora” y de “desarrollo tecnológico en el área de la salud” realizado por una empresa como Actafarma, que se dedica a los productos cosméticos y suplementos alimentarios y que no realiza ninguna actividad investigadora en salud verificable. Recuerden que no estamos hablando de una empresa farmacéutica en ningún caso, si no de una empresa dedicada al desarrollo de productos que no requieren de receta médica, y que están centrados en el autocuidado de la salud y del aspecto exterior.

¿Pondrían ustedes su salud y sus esperanzas en un producto así y una empresa como esta?

 

Para ver las entradas anteriores de esta miniserie: 1, 2, 3 y 4

La solicitud de patente del CSIC: ES 2177465 B1

Agradecemos la ayuda en la elaboración de esta entrada de Francisco Moreno, de la OEPM.

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