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Agentes Terapéuticos o de dónde vienen los fármacos. Reseña del libro


agentes-terapeuticosNos llega vía Editorial Hélice, una de las editoriales más activas en la difusión de la ciencia en España, este interesante libro que trata de explicar el proceso de descubrimiento y desarrollo de medicamentos. Pero no queda ahí este libro, si no que su autor, Eduardo Setti, nos plantea la perspectiva alternativa del uso de productos naturales como medicamentos, así como de alimentos funcionales y suplementos dietéticos. Se trata de un libro de lectura sencilla que evita caer en excesivos tecnicismos, pese a que no rehúsa detallar aspectos realmente avanzados del proceso de descubrimiento y desarrollo de fármacos. Se estructura el texto en cuatro partes.

En la primera se repasan todas las etapas de descubrimiento de nuevos fármacos, desde el proceso inicial de diseño de una nueva molécula hasta su ensayo en humanos, pasando por todos los complejos pasos relacionados con la química médica que trata de establecer el blanco biológico del compuesto, los falsos “hits”, la optimización de la potencia, los estudios estructurales, la optimización de la selectividad, estabilidad, toxicidad, propiedades físico-químicas, así como los distintos estudios “in vitro” y en animales previos a la autorización para desarrollar estudios clínicos.

La segunda parte del libro trata del proceso de desarrollo del medicamento, desde los necesarios pasos para su autorización por parte de los organismos reguladores, las distintas fases clínicas, la autorización de comercialización, las distintas estrategias de formulación del compuesto, así como una interesante exposición de dos estrategias distintas de desarrollo de fármacos basadas en el modelo clásico de fármacos “superventas” o el más reciente de “medicina personalizada”.

La tercera parte se adentra en la presencia de compuestos con actividad farmacológica en productos naturales y cómo la industria farmacéutica ha aprovechado ese conocimiento para desarrollar muchos de sus fármacos, ilustrando este aspecto con dos ejemplos paradigmáticos, la archifamosa aspirina y el antitumoral paclitaxel o taxol (muy interesante repasar la historia del desarrollo de este compuesto).

Paclitaxel o taxol

Paclitaxel o taxol

La cuarta y última parte hace un repaso a “alternativas” al desarrollo de medicamentos fuera de la industria farmacéutica. Nos introduce el concepto de nutracéutico y lo enfrenta al de fármaco tradicional, nos relata los distintos ejemplos (fallidos) de propuestas terapéuticas empleando principios activos de alimentos y suplementos, para terminar con la traca final de la falsa actividad terapéutica que algunos charlatanes le otorgan a “medicinas alternativas” tan absurdas como la homeopatía.

Todos estos datos son explicados, como decimos, con un lenguaje sencillo que atiende a un lector interesado en todos estos aspectos, pero que no necesita un doctorado en química médica para poder entender lo que en el libro se relata. El autor incluye además esquemas que pretenden mostrar de manera sencilla los procesos que explica, aunque sinceramente el atractivo de dichos esquemas es escaso y su utilidad es muy limitada. Pese a que como decimos el autor ha puesto un gran empeño en situar el nivel de su escrito a una altura aceptable para un lector interesado sin conocimiento técnicos previos, resulta algo desagradable la mezcla de giros propios de la lengua del autor con alguna desafortunada (aunque en muchas ocasiones inevitable) traducción de términos técnicos hasta crear en ocasiones la extraña sensación de estar leyendo uno de esos manuales técnicos de instrucciones traducidos macarrónicamente.

El libro incluye ejemplos de fármacos y compuestos reales que sirven para ilustrar muchos de los puntos tratados por el autor, aunque el listado no es ni mucho menos exhaustivo. Del mismo modo, es de agradecer que el autor no ejerce de defensor a ultranza de la práctica farmacéutica, si no que por el contrario no evita tratar ejemplos de mala práctica y los expone como ejemplos de desarrollos erróneos de fármacos. Eso sí, lo hace de manera detallada y equilibrada, sin aspavientos, voces, alaridos y falsas muestras de escandalizarse como las que encontramos en otros autores más cercanos al espectáculo de autopromoción.

Precisamente en este sentido, recientemente teníamos ocasión en este blog de reseñar la última entrega de uno de los personajes más famosos del mundillo “escéptico” y anti-magufo, Ben Goldacre con su libro Malafarma, en el que hacía un ataque furibundo a las empresas farmacéuticas, denunciando algunas de las prácticas más censurables y criticables de una industria a la que se le exige no solo la producción de medicamentos efectivos y seguros, si no que de la que también se espera una integridad y compromiso ético que en numerosas ocasiones ha quedado al margen en pos de beneficios económicos mayores o más inmediatos. En contraposición al constante estilo de pose de escándalo-enfado-reinvindicación de Goldacre, Eduardo Setti opta por ilustrar su relato del proceso de generación de un nuevo fármaco en todas sus fases sin obviar ejemplos de mala práctica que han desembocado en escándalos y en tragedias en muchas ocasiones, como necesario contrapunto a una más habitual práctica exitosa y decente.

Para los defensores de los productos naturales, el apartado dedicado a los fármacos desarrollados a partir de principios activos presentes en la naturaleza será revelador, así como el dedicado a nutracéuticos y alimentos y suplementos alimenticios lo será para los que buscan la última novedad en alimentos con capacidades mágicas y las últimas y prometedoras pastillas que llevarse a la boca para mejorar su estado de salud. Este, y el dedicado a “medicinas alternativas” si acaso pecan de cierta tibieza, aunque en cuestión de denuncia de prácticas fraudulentas magufas no existe, por supuesto, una única y más válida vía.

En resumen, un libro que será de especial utilidad a todos aquellos interesados en los fármacos, de dónde vienen y cuál es su proceso de generación, por qué es tan complicado obtener nuevos fármacos más efectivos y menos tóxicos, y en su contraposición con los productos naturales, nutracéuticos, suplementos, etc.

Título: “Agentes terapéuticos. Ciencia o cháchara al servicio de la salud.”

Autor: Eduardo Setti.

ISBN: 978-84-92914-34-0
Extensión: 222 páginas

Editorial Hélice.

PD: Muchas gracias a Editorial Hélice por su confianza.

PD2: Esta es la última entrada de un año en el que por desgracia no he podido mantener actualizado este blog todo lo que quisiera. Agradezco vuestro interés y seguimiento pese a mi escasa dedicación, no por falta de interés, si no por escasez de tiempo. Feliz Año!

Revista Naukas número 3


naukas3Hace tiempo que los 3 magníficos (Irreductible, Maikelnai, Aberrón) de la divulgación científica, apoyados en el gran José Cuesta (Inercia Creativa), decidieron dar un paso adelante con la creación de un invento destinado a la dominación mundial al que denominaron inicialmente Amazings, ahora renombrado Naukas. Pocos escapan al influjo del poder de la web de Naukas que seduce por su espectacularidad, interés, buen humor, etc. Desde hace ya 3 ediciones se puede también disfrutar del evento Naukas en Bilbao, gracias a la colaboración de la cátedra de divulgación científica de la UPV/EHU que dirige Juan Ignacio “Iñako” Pérez Iglesias, en donde se dan cita muchos de los más de 100 colaboradores de Naukas para ofrecer lo mejor de sí mismos en charlas breves e intensas que reúnen a un buen número de espectadores.

Otra de las exitosas iniciativas Naukas es la revista en papel, con grandes artículos de divulgación, de calidad, sin publicidad ni sponsors, y que sale adelante gracias al apoyo comunitario expresado en contribuciones a través de una plataforma de crowdfunding, la plataforma Lánzanos.

Estamos ya en el número 3 y los contenidos no pueden ser más atractivos e interesantes. Entre tanto magnífico, tengo el honor de figurar con una modesta contribución que trata sobre el concepto de reprogramación celular y la idea de pluripotencia, en el que intento repasar la historia del descubrimiento científico que está detrás del trabajo de los últimos galardonados con el Premio Nobel de Medicina o Fisiología del 2012, John Gurdon y Shinya Yamanaka.

Los títulos y autores de los artículos del número 3 de la revista Naukas son los siguientes:

Como digo, la revista se puede adquirir en la plataforma de crowdfunding Lánzanos, en este link. Allí encontrarás distintas formas de contribuir a este proyecto que llevan asociadas distintas recompensas.
Hay que darse prisa, ¡que nos las quitan de las manos!

Son muchos los personajes famosos que se interesan por la revista Naukas (foto de la genial Carolina Jiménez @OKinfografia)

Son muchos los personajes famosos que se interesan por la revista Naukas (foto de la genial Carolina Jiménez @OKinfografia)

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Mala farma, por Ben Goldacre


mala-farma_9788449328435Ben Goldacre se ha erigido en los últimos años como una de las voces más respetables y autorizadas (además de rápida, prueba a ver si no alguno de sus vídeos en youtube) en su crítica de las malas prácticas que rodean el mundo de la ciencia en general, y el de la medicina en particular.

En su anterior libro, Mala ciencia, ya reseñado en este mismo blog, alabamos el estilo siempre puntilloso, exigente y al mismo tiempo no exento de ironía del que hacía gala Goldacre al criticar con igual dureza a charlatanes, periodistas, políticos, científicos y todos aquellos que intervienen en la cadena de errores que llevan a tomar decisiones erróneas y desinformadas. Partiendo de tan memorable precedente este segundo esfuerzo literario de Goldacre se antojaba un apetitoso manjar que llevarse a la boca. Sin embargo, el bocado se ha tornado amargo según avanzaba en la lectura y profundizaba en los repetitivos argumentos exhibidos a lo largo del libro para criticar el estado en el que se encuentra la industria farmacéutica y su relación con médicos y pacientes. Para colmo de males, de su característico humor, ni rastro.

Comentaba al comienzo que Goldacre se caracteriza por un estilo puntilloso y estricto, además de una endiablada rapidez en su exposición de las críticas a todos aquellos que demuestran malas prácticas entorno al mundo de la ciencia. Y sin embargo, en este libro Goldacre se pasa de frenada y cae en algunos de los defectos que tanto critica. Todo lo que en su anterior obra era objetividad y rigurosidad se vuelve fingida solidez, una poco creíble pose de constante e inmensa indignación, y no pocas dosis de hipérbole y drama.

pharmabigCon todo, hay que decir que la lectura de Mala farma es recomendable y su autor acierta a plantear algunos de los graves problemas que aquejan al negocio farmacéutico como seguimos entendiéndolo hoy en día, pese a los enormes esfuerzos que como bien relata Goldacre hace la propia industria por hacernos creer que pertenecen al pasado. Cada capítulo, además, concluye con una recopilación de propuestas que lanza el autor para intentar enmendar los problemas enumerados en esa sección. Son la repetición innecesaria de argumentos, el estirar las evidencias hasta generalizarlas como prácticas comunes y la constante pose de pretendida sorpresa y enfado lo que entorpecen el discurso de Goldacre y crean una sensación negativa del relato. Al mismo tiempo, estos excesos se complementan con carencias importantes, como pueden ser la falta de una mayor profundidad en la descripción de cómo se obtienen los nuevos fármacos y cuáles son las estrategias de I+D de las farmacéuticas, asunto en el que no escasean tampoco los motivos de alarma y preocupación, pero sobre los que Goldacre pasa de puntillas.

El libro comienza con el que es en la actualidad el caballo de batalla de Goldacre, esfuerzo al que dedica gran parte de su tiempo y lucha, la reivindicación de que todos los datos derivados de la experimentación clínica deben ser hechos públicos. Sin duda, es este un aspecto a mejorar en la práctica clínica de gran importancia como el autor se afana (hasta casi ponernos en contra de algo tan lógico) en argumentar no sólo en este capítulo inicial, si no a lo largo de todo el libro.

Le sigue un raquítico capítulo que pretende dar cuenta de dónde salen los nuevos medicamentos. Escaso, falto de información, incluso erróneo, como cuando alega que las plantas sean fuente principal de obtención de fármacos porque, a fin de cuentas, “compartimos con ellas gran parte de la estructura molecular” (!?).

A continuación el libro aborda la inquietante labor reguladora de los organismos que deberían velar por la integridad y pulcritud de las actividades de las farmacéuticas, unos organismos reguladores que en muchas ocasiones están permeados por la propia industria que deberían regular, y con una obsesión desmesurada por el secretismo.

De ahí se pasa a un capítulo en el que se critican los ensayos clínicos, un instrumento sin duda mejorable, por supuesto sujeto a abusos por la industria, de los cuales (una vez más) se nos recuerda lo importante que es disponer de todos los datos, pero acerca de los cuales no existe un elogio igualmente merecido y sobre el que se vierten en ocasiones acusaciones simplistas, como aquella de que se ensayan los candidatos a nuevos medicamentos en las primeras fases del desarrollo de fármacos en pacientes ideales. Una acusación tan particular como criticar que los ensayos con animales de laboratorio se realicen con cepas genéticamente puras en condiciones alejadas de la naturaleza.

El penúltimo capítulo es una defensa encomiable de la ampliación del sistema de ensayo del verdadero efecto de los fármacos a nuestra disposición dentro del mismo sistema de salud, implicando a los propios médicos de cabecera y a sus pacientes, con el objetivo de obtener datos fidedignos y reales de los medicamentos que manejamos de una manera eficaz y sencilla.

Ben GoldacreRemata el libro destapando las tácticas de marketing más o menos evidentes que las farmacéuticas emplean para “colocar” sus productos en buena posición en el libro de recetas de los médicos. Se relatan aquí tácticas abiertamente ilegales, algunas relativamente deshonestas, pero también en ocasiones se exagera en cierta medida. No todos los ámbitos de la vida pueden ser tan puros y alejados de la realidad económica y algunas actividades de apoyo de las compañías farmacéuticas a grupos de pacientes, al fomento de la investigación, a la formación y divulgación de descubrimientos médicos, etc, se benefician del soporte económico que la industria otorga y sin el cual se perjudicaría la medicina.

Para terminar y ofrecer una visión del tono general del libro que me parece criticable, citaré a continuación la descripción que Goldacre hace de algo tan complejo y en muchas ocasiones tan exitoso (aunque le pese al escritor) como es el descubrimiento de nuevos fármacos:

Es un camino nebuloso que suele resultar enigmático para médicos y pacientes, con trampas ocultas a cada paso, extraños incentivos y espeluznantes historias de abuso. De ahí salen los nuevos medicamentos.”

¿Conspiranoico? ¿Llamativo? ¿Exagerado? ¿Dónde queda la buena investigación, el esfuerzo de grandes científicos, el avance de la ciencia? No neguemos los errores, arrojemos luz sobre las malas prácticas, exijamos mejores ensayos, todos los datos, claridad en los conflictos de intereses, buena regulación; pero no caigamos en el exceso y la estridencia, porque corremos el riesgo de perjudicar una actividad tan importante y necesaria, partiendo de un loable deseo de mejora.

Mala farma. Cómo las empresas farmacéuticas engañan a los médicos y perjudican a los pacientes”. Por Ben Goldacre (Paidós Contextos). 384 páginas. ISBN: 978-84-493-2843-5. Traductor: Francisco Martín Arribas.

MalaFarma-SCQ

Radicales libres por Michael Brooks


Dicen las encuestas y estudios sociológicos más fiables, que la mayoría de la población tiene una imagen muy positiva de la ciencia en general y de los científicos en particular. Sin embargo, ¿conocemos a los científicos? El retrato robot del científico tiene dos caras (a lo Dr Jekyll y Mr Hyde) influidas sin duda por la literatura, el cine y demás ficciones. Una, la de la personalidad trastornada, ególatra, del científico chiflado encerrado en su laboratorio, trabajando en solitario, jugando a ser dios manipulando la vida y el universo. Otra, por el contrario, la del sabio despistado, obsesionado con elucubraciones y problemas que se escapan al entendimiento (y el interés) de la mayoría, en pos del saber máximo y puro, desinteresado, desprendido, sacrificado, abnegado y con una máxima exigencia ética e intelectual.

Deshacer esta última visión es el objetivo de Michael Brooks en su más reciente libro, “Radicales libres” (Ariel) y que lleva como subtítulo “La anarquía secreta de la ciencia”. Brooks es un periodista especializado en temas de ciencia, no en vano es doctor en física, y autor de libros de divulgación, como su anterior “13 cosas que no tienen sentido” (también en Ariel), en donde llegaba a dar pábulo a teorías mágicas como las de la homeopatía.

Sin duda ya alerta por este precedente, emprendí la lectura de este “Radicales libres” gracias Antonio Martínez Ron (@aberron). Lo primero que me llamó la atención fue el título, por sus reminiscencias relativas a los perniciosos radicales de oxígeno producto del metabolismo celular y a los cuales se apunta en muchas ocasiones como causantes de muy diversos males, incluido el envejecimiento. Y el subtítulo, al que se hace referencia a lo largo de todo el libro, causando siempre en mi una constante sensación de que tenemos conceptos muy distintos del término “anarquismo”.

Como decía, la intención declarada por Michael Brooks es desmontar esa imagen idealizada, presente en el imaginario popular, de científico puro ajeno a pasiones, debilidades y luchas, y dispuesto a tomar atajos de dudosa categoría moral. Como en cualquier otra categoría profesional o comunidad existe diversidad de personalidades, con algunos de sus miembros destacando de manera señalada por excéntricos, esotéricos, obstinados competidores, cuando no directamente falsificadores y manipuladores. El problema es que pese a que ese diagnóstico sea cierto, el autor trata de convencernos de que esa otra imagen que pinta, más cercana a la caricatura, es la norma e incluso que algo de ello es absolutamente necesario para triunfar en ciencia. Ese “algo” es lo que él, de manera inopinada, denomina “anarquía secreta de la ciencia”. Para convencernos, el autor relata una serie de acontecimientos en torno a destacados científicos, pero se queda en lo anecdótico, estirando aquellos aspectos más “peculiares” de sus biografías hasta hacerlos pasar como trascendentes y fundamentales en las vidas y en la ciencia desarrollada por estos científicos. Así por ejemplo, dar pábulo a las fantásticas historias de consumo de sustancias estupefacientes por parte del muy magufo Nobel Kary Mullis (el inventor de la PCR) y resaltar como fundamental dicho consumo en sus descubrimientos, es tratar de ajustar la realidad a una hipótesis previa aunque sea necesario deformarla.

Este es sin duda el mayor defecto del libro, por lo demás una colección inconexa de científicos y sus descubrimientos (aunque también erróneamente sazonada de personajes del mundo de la tecnología y no de la ciencia) relatados con mayor o menor precisión según el caso. Ese afán por querer ilustrar unas conclusiones a las que el autor se ha propuesto llegar desde el principio, aunque para ello haya que forzar los hechos, confundiendo por ejemplo la interpretación propia de los científicos con hechos probados cuando se ajustan a sus tesis o interpretando los hechos para que concuerden con sus teorías.

Como decíamos antes, al igual que en cualquier otra actividad humana podemos encontrar todo tipo de personalidades en ciencia. Las peculiaridades de la profesión científica favorecen ciertas conductas o formas de ser. Y es verdad que muchas veces esas conductas no responden al cliché que hay en la sociedad. Pero me temo que tampoco responden a la caricatura que Brooks quiere dibujar quedándose en los superficial y llamativo, no yendo más allá.

Mención a parte merece la penosa traducción de Joandomenec Ros que inunda el texto de palabros y expresiones de difícil digestión, tales como “Gran Estallido”, “caldeamiento global”, “célula patrón”, etc.

HeLa en español


En este blog hablamos ya con anterioridad del sensacional libro “The immortal life of Henrietta Lacks”, de la periodista estadounidense Rebecca Skloot, y celebramos su tremendo éxito de ventas y crítica. Pues bien, desde hoy mismo 07/06/2011, tenemos ocasión de disfrutar de este interesantísimo libro también en castellano, en su edición por la editorial Temas de Hoy y bajo el título “La vida inmortal de Henrietta Lacks”.

Recordemos que el libro es de “no ficción”, puesto que narra las vicisitudes que rodearon el hito científico del establecimiento de la primera línea celular humana en cultivo, las archi-famosas células HeLa; pero a su vez desarrolla de manera magistral toda la historia familiar de los descendientes de Henrietta Lacks, la paciente afroamericana de la que se extrajeron las células (de ahí el nombre de las células, HeLa, de Henrietta Lacks) y las consideraciones éticas derivadas de la explotación comercial de un material biológico extraído de una paciente pobre sin su consentimiento.

Temas de Hoy destaca el lanzamiento del libro con el siguiente comentario:

Esta es la apasionante historia de una mujer cuyos tejidos han salvado la vida a millones de personas en todo el mundo.”

¡Altamente recomendado!

Ficha técnica

  • Fecha de publicación: 07/06/2011
  • 448 páginas
  • ISBN: 978-84-8460-993-3
  • Código: 10002813
  • Formato: 15,5 x 23,5 cm.
  • Encuadernación: Rústica con solapas
  • Colección: Fuera de Colección
  • Traductor: María Jesús Asensio Tudela

Booktrailer en YouTube (en inglés): http://www.youtube.com/watch?v=1vow1ePzuqo

Sé feliz, vivirás más


En una entrada anterior de este mismo blog tuvimos ocasión de comentar los resultados de un espectacular estudio en el que se ahondaba en las bases moleculares que explican los conocidos beneficios de un entorno rico en actividad y vida social, en la prevención del cáncer. Concluíamos entonces con un “contra el cáncer, sonría”. La enorme relevancia de la felicidad sobre la salud humana forma parte de la sabiduría popular, aunque sólo recientemente encontramos ejemplos en los que los investigadores biomédicos se atreven a echar mano de las herramientas de laboratorio para intentar medir el fenómeno y a escudriñar en las moléculas que pueden estar detrás de esos efectos beneficiosos.

Mientras tanto, los psicólogos sociales Diener y Chan, han revisado toda la evidencia publicada a lo largo de años tratando de establecer una relación causal entre el bienestar subjetivo, que así de rimbombante denominan los investigadores a la felicidad, y su influencia sobre la longevidad. Ambos investigadores analizaron un total de 160 trabajos que utilizaron abordajes experimentales muy diversos, y concluyeron de manera rotunda que la felicidad tiene un efecto causal positivo sobre la salud física y la longevidad.

¿Cómo pueden los investigadores medir la influencia de la felicidad en la salud física y la longevidad? Una de las formas empleadas, y de mayor utilidad, es el estudio longitudinal, en el cual se sigue a los mismos individuos a lo largo del tiempo. Uno de estos estudios longitudinales que analizó la felicidad y su impacto sobre la longevidad fue realizado hace ahora ya una década y es conocido como “El Estudio de las Monjas” (“The Nun Study”).

El proyecto pretendía analizar la longevidad y la enfermedad de Alzheimer, utilizando para ello monjas de la orden de Notre Dame, en Estados Unidos. Las monjas representan un grupo de individuos especialmente valioso para este tipo de estudios, puesto que sus condiciones de vida son muy constantes y similares. Desde el año 1991 hasta 1993, todas las monjas de la congregación que hubieran nacido antes de 1917 fueron consultadas y se les pidió su consentimiento para formar parte de este estudio, aportar sus registros médicos y personales al mismo, ser objeto de exámenes cognitivos y físicos, y donar sus cerebros tras su fallecimiento. Un total de 678 monjas aceptaron su inclusión en el estudio.

Cuando los investigadores acudieron a indagar en los archivos de la congregación encontraron una carta de la madre superiora de la orden, datada el 22 de Septiembre de 1930, en la solicitaba de las hermanas la redacción de una autobiografía. Del total de 678 monjas reclutadas para el estudio, 218 habían recibido los votos en los conventos de Milwaukee, Wisconsin, y Baltimore, Maryland, entre 1931 y 1943 y, de estas, se conservaban las autobiografías escritas a mano de 180 monjas. Este material reunía unas características excepcionales para los investigadores, puesto que eran un fiel reflejo de la personalidad de las monjas. Poco podían haber sospechado las monjas que siete décadas después, sus escritos servirían para predecir su longevidad.

La psicóloga Deborah Danner de la Universidad de Kentucky y sus colegas analizaron los escritos de las monjas en busca de términos con contenido emocional y clasificaron las monjas en grupos según la abundancia de términos positivos o negativos. Cuando esos datos fueron puestos en relación con la supervivencia de las monjas, los investigadores quedaron sorprendidos al observar que las monjas pertenecientes al grupo que había usado mayor abundancia de términos positivos habían vivido un promedio de 7 años más que las que no los usaban. Si se seleccionaban de entre el grupo de “monjas positivas” las que demostraban un mayor optimismo por su abundancia y variedad de términos positivos, la diferencia en longevidad se incrementaba hasta los 10 años y medio, con respecto a las monjas menos positivas.

El estudio fue publicado en la revista de psicología Journal of Personality and Social Psychology en el 2001, y posteriormente el director del estudio, el epidemiólogo y neurólogo David Snowdon, publicó un libro titulado “Aging With Grace: What the Nun Study Teaches Us About Living Longer, Healthier, and More Meaningful Lives.” (“678 Monjas y un Científico”, es el sui géneris título de la edición en español), en el que describe todo el proceso de estudio.

Además del mencionado estudio longitudinal, los científicos cuentan con estrategias en laboratorio para alterar factores externos que incidan sobre el estado de ánimo y examinar su influencia en parámetros fisiológicos conocidos por afectar la salud y la longevidad. Manipular las emociones mediante el visionado de imágenes fotográficas o películas para posteriormente medir la presión sanguínea o tomar una muestras de sangre son técnicas habituales. En otras ocasiones son eventos dramáticos, como cataclismos naturales o situaciones sociales convulsas, los que son aprovechadas por los investigadores para tratar de analizar los cambios experimentados por los individuos ante acontecimientos que afectan a las emociones.

El análisis llevado a cabo por Diener y Chan de todos estos estudios concluye sin lugar a la duda que la felicidad tiene un efecto positivo sobre la salud y la longevidad. Sin embargo, hasta el momento no ha sido posible establecer un efecto específico de la felicidad sobre tipos concretos de enfermedades. Es evidente por tanto, que necesitamos seguir investigando para ahondar en los procesos detallados que son responsables de la mejor salud y mayor longevidad que confiere la felicidad.

De todos modos, vamos viendo cómo existen muchas cosas simples, al alcance de la mano, que todos podemos hacer para intentar mantenernos sanos durante más años. Además de una dieta equilibrada y variada, y hacer ejercicio físico moderado y continuo, hay que añadir este “sé feliz!”. A fin de cuentas recuerde que “… la felicidad está hecha de pequeñas cosas: Un pequeño yate, una pequeña mansión, una pequeña fortuna …Groucho Marx (1890-1977).

 

Para más información:

- El estudio de revisión de todo lo publicado al respecto de la conexión entre felicidad y salud y longevidad:

Diener E and Chan MY (2010). Happy People Live Longer: Subjective Well-Being Contributes to Health and Longevity. SSRN-working paper. Accesible online.

- El libro de David Snowdon : “Aging With Grace” en la página de la Universidad de Minnesota que alberga la información sobre “El Estudio de las Monjas”.

- El artículo original describiendo “El Estudio de las Monjas”:

Danner DD, Snowdon DA, & Friesen WV (2001). Positive emotions in early life and longevity: findings from the nun study. Journal of personality and social psychology, 80 (5), 804-13 PMID: 11374751

Mala Ciencia ya está aquí


En una de las primeras entradas de este blog, allá por Mayo del 2010, hicimos referencia al sensacional libro del médico y divulgador británico Ben Goldacre, BadScience. Ben Goldacre es toda una institución en todo lo referente a la denuncia de las pseudociencias y la superchería, la promoción y divulgación de la ciencia, y a la constante crítica al mal uso de conceptos científicos en la sociedad, ya sea por los medios de comunicación, la opinión pública o hasta por los propios científicos. Su blog badscience.net es todo un referente en este campo y lugar de encuentro y discusión para muchos; su columna en el diario británico The Guardian ha marcado todo un hito periodístico.

El autor, Ben Goldacre

En aquella entrada comentamos la futura edición en castellano de este libro a través de la editorial Paidós. Pues bien, ha tardado, pero por fin ya está aquí. En sus librerías preferidas a partir de Marzo próximo.

Mientras tanto, para ir abriendo boca pueden consultar la página oficial de la versión en español de este libro aquí. En ella prometen adelantar algunos de los contenidos del libro, incluir algunas entradas del blog de Ben Goldacre traducidas, y algunas colaboraciones de blogueros y divulgadores españoles (?!).

Mejor-de-lo-mejor 2010 no-ficción


En este blog nos hicimos eco el año pasado de la publicación en el mercado estadounidense del sensacional primer libro de la periodista Rebecca Skloot titulado “The immortal life of Henrietta Lacks” (ver entrada anterior “Las células inmortales de Henrietta Lacks”). Terminado el año es habitual encontrarse con multitud de listas de “lo mejor del año” y entre ellas, lógicamente, las listas de los mejores libros del año. Son varias en las que destaca este libro sobre las células HeLa (Amazon.com, New York Times, Publishers Weekly, etc) y, en un esfuerzo de metanálisis realizado por la publicación especializada del sector editorial PublishersMarketplace.com recopilando la opinión de 30 listas distintas de “lo mejor del año” para encontrar “lo mejor de lo mejor”, “The immortal life” ocupa el puesto número 1 de la lista de libros de no-ficción del 2010.

 

La autora, Rebecca Skloot

Recordaos que en el libro, Skloot realiza una excelente labor por relatar tanto su búsqueda (que inició en su época de estudiante, cuando con 16 años oyó por primera vez hablar de las células HeLa de boca de su profesor de biología) por entender tanto los aspectos científicos relacionados con la investigación en biología celular, como sus esfuerzos por adentrarse en las historias personales de los miembros de la familia de Henrietta Lacks, la paciente afroamericana de la que se extrajeron las células que posteriormente alcanzarían fama mundial bajo el acrónimo de HeLa (de Henrietta Lacks). Por el camino, Skloot desgrana diversos temas que entran en el campo de la divulgación en biología como el significado de la inmortalidad de los cultivos celulares, las dificultades de los pioneros de la biología celular por establecer cultivos y entender las bases de ese proceso, el uso intensivo que se les ha dado a estas células en muy diversos campos de la biología celular y molecular, así como en la virología y en el desarrollo de vacunas, etc. Al mismo tiempo, nos ofrece la posibilidad de reflexionar sobre aspectos éticos y legales derivados de la investigación científica, y representa un valioso relato sobre el camino recorrido hasta nuestros días en todo lo relacionado con estos temas. Todo ello además está aderezado con pinceladas emocionales y humanas cuando la escritora nos traslada su experiencia en el trato con la familia de Henrietta, gentes humildes, con escasos recursos que han sufrido duras condiciones a lo largo de la vida y que entienden muy a duras penas todas las implicaciones derivadas de las células de uno de los miembros de su familia.

 

Tal ha sido el impacto generado por la publicación de este libro que el Washington Post incluyó sorprendentemente a Skloot en su lista de los 5 nuevos personajes más influyentes del año 2010.

Esperamos la publicación del libro en su edición española y veremos cuál es su acogida entre nosotros.

 

Cómo montar una clínica “anti-aging”


Con los tiempos de crisis económica que corren, uno debe agudizar el ingenio para encontrar su oportunidad de desarrollo económico y laboral. Por eso, es en tiempos de crisis cuando los empresarios de la charlatanería y las pseudociencias proliferan como setas en Otoño. Teniendo en cuenta el eterno deseo humano de enfrentarse al envejecimiento, no es de extrañar que nos encontremos con la proliferación de lo que se están dando en llamar “clínicas anti-aging”, así con la palabra envejecimiento en inglés, que suena más sofisticado y chick.

La Sociedad Española de Medicina Antienvejecimiento y Longevidad (¿sí, a que suena guays?) es un grupo de clínicas médicas especializadas en medicina estética y/o charlatanería pseudocientífica a base de supuesta medicina alternativa (que ni es medicina, ni es alternativa). Por supuesto no hay que imaginarse que detrás de este nombre tan rimbombante vaya a haber nada relacionado con ciencia, ni investigación, ni terapias serias que hayan demostrado su eficacia, si no toda una serie de palabrería esotérica y términos pseudocientíficos con los que intentar colar a los incautos la promesa de bienestar, salud y retraso del envejecimiento.

Referencias exóticas y milenarias siempre quedan muy bien

No vamos a entrar a discutir los aspectos relacionados con la medicina estética, claramente fuera del objetivo de este blog, pero es interesante echarle un vistazo al circuito de clínicas antienvejecimiento que proliferan por nuestro país. Bajo nombres tan altisonantes como “Centro Internacional de Avances Médicos” o “Instituto Andaluz de Medicina Antienvejecimiento”, con resonancias a centro médico y de investigación institucional, o más alternativos y esotéricos como “Antiaging Madrid” o “Biosalud”, existen clínicas privadas formadas por médicos que dicen poseer una especialización en tratamientos antienvejecimiento, que normalmente consisten en diplomas autoconcedidos en terapias de muy dudosa (o directamente nula) eficacia.

Así que ya sabe, si le interesa montarse un chiringuito anti-aging, siga los consejos siguientes enumerados en el decálogo de la clínica anti-aging, pero trate por todos los medios que no le entre la risa y permanezca con el rictus inalterado:

(advertencia, cualquier parecido con afirmaciones hechas por clínicas anti-aging en sus webs, no es mera coincidencia.)

1- Escoja un nombre grandilocuente como “Instituto Médico Europeo Antienvejecimiento” o cool tipo “Medicina Biológica Anti-Aging”.

2- Anuncie para quién está destinada su clínica: Para todos aquellos que deseen prolongar su vida activa, mejorando su capacidad física y mental, mejorar su equilibrio interno, liberarse de temibles toxinas y del estrés, restablecer el balance energético, retrasar los signos del envejecimiento y evitar las enfermedades asociadas al mismo y el declive inmunológico, y reforzar las defensas naturales. Todo ello gracias a tratamientos personalizados que integren todos los parámetros biofísicos, energéticos y emocionales individuales, basados en las más avanzadas técnicas de la medicina anti-aging y los métodos naturales. Por supuesto no estará de más hacer referencia a la Medicina Tradicional China, la Ayurvédica Hindú y la Tibetana. Que éstas se empleen en sitios donde la gente se muere más y más pronto no será problema; cuenta el espíritu, no la eficacia.

"Encantados de cobrarle"

3- Establezca claros sus principios, que no pueden ser otros que: Estudiar al individuo desde una perspectiva global, holística, estableciendo un diagnóstico único y personalizado que trate el cuerpo humano como un todo, teniendo en cuenta su estado anímico, situación cósmica y balance energético (y solvencia económica, claro).

4- Es clave que repita siempre y en todo lugar que sus métodos están científicamente avalados por los más prestigiosos centros universitarios internacionales y los investigadores que se encuentran en la frontera del conocimiento internacional en las causas y los tratamientos del envejecimiento, aunque todos sus métodos diagnósticos y terapéuticos estén al margen de la ciencia y hasta del sentido común.

Chequeo bioenergético, no sirve para nada, pero tiene una pinta ...

5- Debe presentarse como un equipo interdisciplinar de amplia formación (para ello cree títulos y ¡autoconcédaselos!) desarrollando programas integrales específicos, con el objetivo de mejorar la calidad de vida, eliminar el estrés y los signos del envejecimiento.

6- Ofrezca diagnósticos basados en:

  • - Pruebas biofísicas
  • - Bioaging
  • - Chequeo bioenergético
  • - Test de intolerancias alimentarias (esto está muy de moda, cualquier alimento que se le ocurra puede dar positivo y siempre se le puede culpar de todos los males)
  • - Análisis de la composición corporal
  • - Monitorización de calorías consumidas
  • - Análisis de la edad biológica frente a la cronológica (por supuesto el resultado siempre será negativo en contra de la biológica)
  • - Análisis del desequilibrio biofísico-energético
  • - Análisis de radicales libres para saber el grado de estrés oxidativo
  • - Análisis del potencial antioxidante
  • - Perfil hormonal

7- Enumere las terapias disponibles, malo será que alguna no convenza a algún incauto. Algunos ejemplos a ofrecer:

  • - Suplementación natural (ya sabemos que natural es sinónimo de bueno)
  • - Dietética y nutrición (cuanto más absurda la dieta, más efectiva; y más difícil de realizar y por tanto más fácil encontrar excusa a su falta de eficacia)
  • - Antioxidantes orales (además de los naturales, que serán muy buenos, pero siempre hay que echarles una mano con pastillitas que dan más beneficios)
  • - Suplementos nutracéuticos (palabra muy de moda que quiere decir productos que no han demostrado hacer nada, al menos bueno).
  • - Suplementos hormonales
  • - Autohemoterapia con ozono hiperbárico (¡cómo suena!).
  • - Medicina regenerativa a base de células madre (esto queda muy bien, que sale en el telediario todos los días).
  • - Medicina predictiva y genómica (super-tecnológico)
  • - Medicina ortomolecular
  • - Medicina espagírica, Flores de Bach, sales de Schüssler, o cualquier otra bobada homeopática que se le ocurra
  • - Biorresonancia: explique que todo en la materia viva produce corrientes eléctricas y emite ondas electromagnéticas propias que sirven para diagnosticar las enfermedades y, si se les da la vuelta, para restaurar el “equilibrio biofísico-energético”.
  • - Mesoterapia biológica, fitoterapia, enzimoterapia, oligoterapia, ozonoterapia, sueroterapia, …, invéntese su propia terapia con un nombre chulo seguido de –terapia, sea innovador hombre!

Para presumir, no es necesario sufrir

8- Todas las intervenciones han de anunciarse como inmunoestimulantes, detoxificantes, antiinfecciosas, revitalizadoras, regeneradoras, antioxidantes y, por supuesto, sin efectos secundarios.

9- Por supuesto únase a la Sociedad Española de Medicina Antienvejecimiento y Longevidad y asista a sus congresos anuales y a sus cursos. Allí podrá estar a la última de qué es lo que están vendiendo el resto de sus colegas y obtendrá títulos suficientes para empapelar las paredes del despacho de su clínica.

10- No hay diez en este decálogo, qué pasa, la clínica es mía.

Nota al margen: Me gustaría aprovechar la ocasión para recomendar el libro “La homeopatía, ¡vaya timo!” de Víctor-Javier Sanz, y en general toda la sensacional colección “¡Vaya timo!” editada por la editorial Laetoli.

La homeopatía, ¡vaya timo!” de Víctor-Javier Sanz.

ISBN: 978-84-92422-18-0

Actualización: Me recuerda Esther Samper (Shora) del sensacional blog MedTempus, que hace tiempo escribió ella también un “decálogo para crear tu propia medicina alternativa“. ¿Sorprendente similitud entre aquella entrada y ésta? Bueno, quizás no.

La Sopa de la Eternidad de Alvise Cornaro


Alvise Cornaro, pintado por Tintoretto

Alvise Cornaro (1484 – 8 Mayo 1566), fue un noble veneciano del renacimiento que, tras recibir una importante herencia y gracias a sus buenas dotes para los negocios y las inversiones, dedicó gran tiempo a estudios sobre la agricultura, la arquitectura, la hidráulica, y al mecenazgo.

Escribió algunos tratados al respecto, pero sin duda su nombre pasó a la posteridad como el autor de cuatro breves ensayos o “discursos”, bajo el epígrafe “Discorso sulla vita sobria”, o “Discurso sobre la vida sobria”. En ellos Cornaro relataba su propia experiencia con lo que en nuestros días denominaríamos, restricción calórica.

Cornaro describía cómo hasta que cumplió cuarenta años había sufrido de diversos males que le mantenían en constante dolor y sufrimiento, aquejado de problemas de estómago, óseos, gota, y de ciento y un males. Todo cambió un buen día cuando decidió cambiar su forma de vida. Desde ese momento en adelante Cornaro vivió una vida sobria, frugal en las comidas, ingiriendo los alimentos meramente necesarios. Su lema fue “quien quiera comer bastante, es necesario que coma poco” y se dio a la restricción en la dieta.

Como resultado, según relato propio, Cornaro recuperó la salud y el vigor, y el optimismo que ello le infundió le empujaron a realizar numerosas actividades profesionales y culturales. Por ello, y a la edad de 83 años, decidió recoger en su tratado “Discurso sobre la vida sobria”, publicado por primera vez en Pádova en 1558, su propia experiencia y sus consejos para vivir una vida longeva y saludable mediante una estricta dieta diaria que nos permita mantener la salud física y mental a edades avanzadas.

Cornaro se encontraba tan feliz y optimista que escribió:

“Estoy tan ágil que todavía puedo caminar y subir cuestas empinadas y escaleras sin dificultad. Estoy siempre de buen humor y no cansado de la vida. Acompaño a hombres de ingenio, que se destacan en el conocimiento y la virtud. Cuando no puedo disfrutar de su compañía, me doy a leer unos cuantos libros y a la escritura. Duermo bien y mis sueños son agradables y relajantes. Creo que la mayoría de los hombres, si no fueran esclavos de sus sentidos, las pasiones, la codicia y la ignorancia, podrían disfrutar de una vida larga y feliz, que se caracterizara por la moderación y la prudencia.”

Palacio Cornaro

El libro obtuvo un relativo éxito cuando de manera sucesiva, saltando de país en país, pasó por diversas ediciones que lo recuperaron del olvido. Renombrado al, sin duda, más comercial título de “Cómo vivir hasta los 100” llegó hasta nuestros días, en los que estamos experimentando un boom relacionado con la restricción calórica y sus posibles espectaculares efectos alargando la vida, lo que hace del libro de Cornaro una especie de Antiguo Testamento del “restricción-caloricismo”.

Los críticos de “La Vida Sobria” sugieren que Alvise Cornaro bien podría haber sido un caso de diabetes tipo 2 o que sufriera de algún tipo de alergia a algún alimento, por lo que una dieta estricta y controlada podría haber permitido en aquella época recuperar su deteriorada salud. Otra posibilidad, apuntada por muchos, es que Cornaro sufriese la resaca de unos años de juventud vividos de manera desaforada y que el retorno a una vida más pausada y sobria le ofreciese la oportunidad de recuperar su salud. Incluso el archifamoso filósofo Friedrich Nietzsche en su obra “El crepúsculo de los ídolos” criticaba a Cornaro y aseguraba que sus conclusiones eran erróneas porque confundían la causa y el efecto.

Clive McCay

De cualquier modo, a partir de los años 30 del siglo pasado, y comenzando con los trabajos de Clive McClay de la Universidad de Cornell, quien demostró que ratas alimentadas con dieta baja en calorías vivían hasta el doble que el grupo de ratas alimentadas ad libitum (es decir, sin restricciones y hasta saciarse), la investigación en restricción calórica y su efecto en longevidad ha experimentado una enorme popularidad. Son muchos los distintos organismos en los que se ha podido demostrar un efecto positivo de la restricción calórica sobre la longevidad y los prometedores resultados han lanzado ya a muchos a someterse a la tiranía de la balanza y la calculadora en lugar predominante en la mesa, junto a tenedor y cuchillo.

Por otro lado, la investigación biomédica que trata de dilucidar el mecanismo molecular responsable del beneficio sobre la salud y la longevidad de la restricción calórica marcha a toda máquina, aportando nuevos datos interesantes cada día, pero también generando disputas y desencuentros entre la comunidad científica. El interés comercial es evidente. Si supiésemos qué moléculas y qué rutas son las importantes, podríamos lanzarnos a encontrar/desarrollar fármacos que decanten la balanza hacia el beneficio de la restricción calórica, sin dejar de comer hamburguesas y pizza. Algunos investigadores apoyan la implicación de la ruta de la insulina en este efecto, otros hablan del estrés oxidativo generado por el exceso de calorías, muchos se decantan por el papel protagonista de la familia de las sirtuinas, … Tanto es así, que en el último número de la prestigiosa revista Science podemos encontrar un interesante debate a cuenta de la reciente publicación, en la misma revista, de un artículo de revisión sobre las vías moleculares conservadas a lo largo de las especies e implicadas en el incremento de la longevidad. Los autores de dicha revisión especularon con las posibles vías que podrían ser responsables de ese beneficio, obviando la vía de las sirtuínas, para desagradable sorpresa y enojo de no pocos destacados investigadores, que en respuesta decidieron escribir una carta de protesta a la revista Science.

Resveratrol

No obstante, e incluso sin tener aún claro los detalles de esa maquinaria que regula de manera precisa el balance de nutrición y salud, muchos se han lanzado ya a vender productos bajo la promesa de ser capaces de activar las vías responsables del supuesto beneficio de la restricción calórica, como es el caso del resveratrol.

Más aún, los supuestos beneficios de la restricción calórica no están aún demostrados en humanos y podrían ser poco más que modestos en lo relativo a prolongar la vida. Además, no presentan pocos problemas, puesto que restringir el número de calorías, especialmente en las personas de edad avanzada, supone un grave riesgo de pérdida de masa muscular y ósea, lo cual puede ponerles en una situación de debilidad a tener en cuenta. Por ello conviene ser cautos con este tipo de intervenciones que juegan con la dieta y pueden resultar más perjudiciales que beneficiosos.

Prometemos una próxima entrada en la que detallaremos el campo de la restricción calórica, que bien podríamos considerar la segunda parte a una entrada ya publicada en este mismo blog sobre la dieta y el envejecimiento titulada ¿Comer para no envejecer?.

Greg Critser, autor de "Eternity Soup"

La historia de Alvise Cornaro, junto con el relato de los descubrimientos de Clive McCay y de tantos otros después de él en el campo de la restricción calórica, hasta nuestros días, se recoge en un interesante libro (aún no disponible en español) escrito por Greg Critser y titulado “Eternity soup: Inside the Quest to End Aging”.

Eternity Soup

Eternity soup: Inside the Quest to End Aging. Greg Critser. Random House.

ISBN: 978-0-307-40790-0 (0-307-40790-X)

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