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Archivo para la Categoría "La Búsqueda de la Fuente de la Eterna Juventud"

Amazings Bilbao 2012


Se acaba de publicar el programa del mayor (y mejor) evento de divulgación de ciencia de España (y parte del resto del universo), el Amazings Bilbao 2012, que tendrá lugar los próximos 28 y 29 de Septiembre (viernes y sábado) en el paraninfo de la UPV/EHU de Bilbao. Más de 30 charlas entretenidas e interesantes a cargo de los mejores divulgadores, mesas redondas, exposiciones, y hasta alguna excursión. Todo organizado por las mentes virtuosas de los amigos de amazings.es.

Los que asistieron a la primera edición pueden dar fe de ello, mucha información y mucha diversión. Juntar a tanto friki en un “marco incomparable” estimula las neuronas y seguro que será una gozada. Un servidor tuvo la desgracia de no poder asistir el año pasado y se quedó con la frustración de tener que ver las charlas con posterioridad, y de repasar los álbumes de fotos y las múltiples anécdotas de los que asistieron. Por eso, este año, a la primera opción que tuve, me apunté voluntario a asistir y contribuir con una charla. Así que si os animáis, nos vemos a finales de Septiembre por Bilbao.

Por cierto, es gratis!

Comer o no comer, esa es la cuestión


Clive McCay (1898–1967), Universidad de Cornell. Pionero de la investigación en restricción calórica

La única intervención demostrablemente efectiva para retrasar el envejecimiento, de manera reproducible y extensible a muy distintos (y distantes evolutivamente) organismos, es la conocida como restricción calórica. Esta práctica consiste en reducir la ingesta de calorías en la dieta sin caer en la malnutrición. Ya en los años 30 del siglo pasado, pioneros como Clive McCay, de la Universidad de Cornell, demostraron que ratas alimentadas con una dieta baja en calorías vivían hasta el doble que el grupo de ratas alimentadas ad libitum (es decir, sin restricciones hasta saciarse). Además existía una clara correlación inversa entre cantidad de calorías consumidas y supervivencia media alcanzada, que podía ser forzada hasta alcanzar un límite en el que, obviamente, la escasa aportación de calorías era insuficiente para permitir la vida. A lo largo de muchos años, la misma observación se ha podido confirmar en levaduras, gusanos, moscas, ratones, …, e incluso recientemente, aunque aún no concluido en su totalidad, se han dado a conocer los resultados preliminares positivos obtenidos en un estudio con restricción calórica en monos (ver abajo la referencia concreta 1).

Todo esto ha hecho que la investigación científica en este campo y su efecto sobre la longevidad haya alcanzado cotas de enorme popularidad. Y como lógica derivación, las primeras comunidades de fanáticos ayunantes convencidos de estar arañando horas o días en cada comida que se saltan han empezado a surgir (florecer no sería un adjetivo muy acorde con el aspecto externo de estas personas), principalmente en Estados Unidos, por supuesto, sin esperar a datos y pruebas científicas claras. Sin embargo, mi recomendación y la de muchos otros más autorizados sin duda que yo, es la de “¡no intenten esto en casa!”. Incluso en esta área que lleva décadas de experimentación animal y en la que parece existir un amplio consenso, también existen voces discrepantes no carentes de cierta base bien fundamentada. Según los críticos, reducir la ingesta de alimento sitúa a los animales en una contexto más próximo a la realidad que encuentran en la naturaleza, en donde la comida no les cae en cantidades masivas cual operación humanitaria a escala descomunal, si no que la búsqueda de alimento es una lucha constante en la que emplean gran energía y que no resulta exitosa en muchas ocasiones. Realmente, argumentan, lo que estos experimentos demuestran es que la alimentación que los animales reciben en los laboratorios de investigación no es sana y por ello su reducción es beneficiosa. Los que hayan comido en cafeterías de institutos de investigación muy probablemente estén totalmente de acuerdo con esta hipótesis. Más aún, según algunos trabajos, la restricción calórica no es beneficiosa en todas las cepas de ratones (lo que podríamos equiparar a los distintos grupos étnicos de seres humanos), y cuando se realiza un estudio exhaustivo con un elevado número de ratones de diversas cepas, lo que se observa es que no se produce un beneficio generalizado, e incluso se puede observar un perjuicio para la salud provocado por dicha restricción calórica (para la referencia especializada ver 2).

Canto, a la izquierda, es un mono Rhesus (Macaca mulatta) de 27 años sometido a restricción calórica, mientras que Owen, 29, a la derecha, del grupo control, muestra signos de envejecimiento. Foto: Jeff Miller, Universidad de Madison, Wisconsin, EEUU.

En cualquier caso, los supuestos beneficios de la restricción calórica no están aún demostrados en humanos y podrían ser poco más que modestos o anecdóticos en lo relativo a prolongar la vida. Según los resultados preliminares obtenidos en el mayor estudio iniciado hasta el momento con voluntarios sanos por varios centros de investigación en Estados Unidos, el estudio CALERIE, la restricción calórica resulta en mejores parámetros metabólicos, tales como la reducción en los niveles de LDL-colesterol (el “malo”), en triglicéridos, menor resistencia a la insulina, etc; pero aún es pronto para saber si estas personas vivirán significativamente más tiempo que el resto de los mortales. Lo que sí está claro es que si intentamos trasladar las condiciones experimentales a las que son sometidos los animales de investigación en estos ensayos a los seres humanos, pocos son los que serían capaces de realizar semejante reducción de calorías y pocos también los dispuestos a soportar esa tiranía y sus efectos negativos (que los tiene indudables). Sólo aquellos con fuertes convicciones, cuasi-religiosas, que creen haber encontrado el camino de la verdad hacia la vida eterna, son capaces de renunciar a los pecaminosos placeres de la abundancia de alimentos. Siempre que se realice con total consciencia y conocimiento, tras una profunda investigación del tema, apoyo especializado y con plena capacidad de decisión, es una opción tan respetable como otra, por supuesto. Eso sí, nunca podrá estar indicada para niños o ancianos. Decíamos que causa indudables problemas, como una pérdida de masa muscular y reducción de la densidad ósea (de graves consecuencias para ambos grupos), o problemas evidentes de desarrollo físico y cognitivo en etapas tempranas de crecimiento. Uno de los cambios también más habituales son los relacionados con los perfiles hormonales y una consecuencia conocida de la prolongada

Comilona de un practicante de restricción calórica, ¡un día es un día!

reducción de calorías es la esterilidad, algo que los ayunantes celebran, porque una tardía reproducción (o una falta total de capacidad reproductiva) también se ha asociado con un periodo de vida más prolongado. Algún estudio ha llegado incluso a correlacionar el ayuno con la adquisición de un patrón de expresión (el perfil molecular de la célula, caracterizado por la expresión o falta de expresión de cada uno de sus genes en un momento dado) “femenino” (ver referencia especializada 3), para mayor regocijo de los defensores de las dietas hipocalóricas si cabe, ya que es un hecho bien conocido que las hembras de muy diversas especies viven mas tiempo (ver por ejemplo esta entrada anterior). Qué cosas suben y qué cosas bajan en un perfil molecular feminizado son para mi un misterio.

Esta entrada fue publicada con anterioridad en el blog colectivo amazings.es

Referencias especializadas (en inglés y en revistas de acceso restringido):

1 Artículo de la revista Science presentando los resultados preliminares de la restricción calórica en monos:

Colman RJ, Anderson RM, Johnson SC, Kastman EK, Kosmatka KJ, Beasley TM, Allison DB, Cruzen C, Simmons HA, Kemnitz JW, & Weindruch R (2009). Caloric restriction delays disease onset and mortality in rhesus monkeys. Science (New York, N.Y.), 325 (5937), 201-4 PMID: 19590001

2 Artículo mostrando los resultados de un extenso estudio de restricción calórica con numerosos ratones de distintas cepas:

Liao CY, Rikke BA, Johnson TE, Diaz V, & Nelson JF (2010). Genetic variation in the murine lifespan response to dietary restriction: from life extension to life shortening. Aging cell, 9 (1), 92-5 PMID: 19878144

3 Feminización del patrón de expresión por restricción calórica:

 Estep PW 3rd, Warner JB, & Bulyk ML (2009). Short-term calorie restriction in male mice feminizes gene expression and alters key regulators of conserved aging regulatory pathways. PloS one, 4 (4) PMID: 19370158

¿El fin de las sirtuinas?


Resveratrol

Quizás hayan oído ya la noticia en diversos medios la semana pasada: “En duda el gen de la longevidad”, “la promesa de eterna juventud se desvanece”, “los tratamientos antiedad en entredicho”, “dudas sobre las proteínas antienvejecimiento”, … Vaya, parece que ha surgido un contratiempo importante en el exitoso camino al estrellato de la inmortalidad de las sirtuinas y el resveratrol. Uno más, como saben los que hayan leído entradas anteriores de este blog (1234 y 5). Pero, ¿qué es lo que se ha encontrado esta vez que ha armado tanto revuelo?

gusanos, moscas y ratones; animales modelo de laboratorio

El campo de investigación antienvejecimiento centrado en las sirtuinas y elresveratrol se inició, como ya explicamos ampliamente en este mismo blog, con la descripción por parte del grupo de Lenny Guarente, del MIT de Boston, del efecto prolongador de la vida del gen Sir2 (de la familia de las sirtuinas) en levaduras. Posteriormente estas observaciones se ampliaron también a otros organismos modelo simples, como la mosca (Drosophila melanogaster) y el gusano (Caenorhabditis elegans). La base subyacente a todos estos estudios es el efecto de la restricción calórica, única intervención descrita de manera repetida como capaz de retrasar de manera efectiva el envejecimiento. Pese a que son varias las vías por las cuales se piensa que la restricción calórica termina afectando a la longevidad, muchos grupos favorecían la hipótesis de la activación de las sirtuinas como la más importante. La descripción del resveratrol como activador de las sirtuinas añadió fama y proyección a la hipótesis de la restricción calórica actuando a través de las sirtuinas para alargar nuestras vidas, anunciando beneficios sin límite derivados de su consumo.

A buena fe que los productores del resveratrol y demás derivados habrán obtenido enormes beneficios de la venta de la píldora de la inmortalidad (y seguirán teniéndolos, pues basta con ignorar los descubrimientos científicos que contradicen sus intereses). Sin embargo, ya comentamos que pese a la aparente solidez de algunos trabajos en los que se basa el imperio del resveratrol/sirtuinas, no todas las voces en la arena científica son unánimes. Eso en el mejor de los casos, cuando no directamente rechazan muchas de las afirmaciones que se nos hacen pasar como totalmente establecidas.

Repasemos. Hasta el momento no se ha demostrado en mamíferos ninguna actividad prolongadora del periodo de vida por parte delresveratrol o de las sirtuinas. No es que no se haya ensayado, es que se ha hecho y no tiene efecto, pese a que este dato no se mencione habitualmente. Se pudo comprobar además que el resveratrol no activa a las sirtuinas, pese a lo que diga la publicidad.

Puestas así las cosas, ahora aparece una publicación que revisa las afirmaciones originales del grupo de Lenny Guarente (y otros grupos a su estela) y se para a analizar en detalle el efecto de aumentar la expresión de sirtuinas en la mosca o el gusano y lo que encuentra es, que las sirtuinas tampoco prolongan la vida de estos organismos modelo.

David Gems, director de la investigación

Este trabajo de re-análisis de experimentos previos ha sido dirigido por David Gems, del Instituto para el Envejecimiento Saludable del UCL de Londres, en el Reino Unido. Gems asegura que llevaba mucho tiempo oyendo a distintos investigadores del campo quejarse de que no eran capaces de reproducir los resultados originales de mayor longevidad tras aumento de expresión desirtuinas y su laboratorio se puso manos a la obra. El problema de los experimentos originales fue no controlar la variación genética que se produce al alterar genéticamente las moscas o los gusanos para que expresen más sirtuinas. Estas manipulaciones fueron acompañadas de muchos otros cambios genéticos que parecen haber sido realmente los responsables originales de la mayor longevidad observada. Cuando las cepas manipuladas para mayor expresión de sirtuinas se “retrocruzan” adecuadamente para aislar únicamente esa manipulación genética y deshacerse de las alteraciones acompañantes, la mayor longevidad también desaparece. Es más, cuando se repiten los experimentos de restricción calórica en organismos a los que se ha eliminado el gen de sirtuina, se sigue produciendo un aumento de la longevidad, lo que apunta a que efectivamente la acción de larestricción calórica poco tiene que ver con la activación de las sirtuinas.

Potenciales consumidores de resveratrol

¿Debemos entonces tirar a la basura los miles de artículos científicos sobre sirtuinas y prolongación de la vida, junto con los botes de pastillas deresveratrol? Bueno, como decíamos al principio de esta entrada, ya sabíamos que una mayor expresión de sirtuinas o el tratamiento con resveratrol en ratones, no prolonga la vida de los animales. Pero tampoco resultan inefectivas. Los animales con mayor dosis de sirtuinas o tratados con resveratrol, se encuentran más protegidos frente a lo que se conoce como “síndrome metabólico” producido por la ingesta de una dieta rica en grasa, o “dieta cafetería”. Uno de los problemas actuales presentes en las sociedades occidentales es el derivado de un alto consumo de grasas, muy por encima de nuestras necesidades reales energéticas, que resulta en la mayor incidencia de enfermedades cardiovasculares o de diabetes. Intentar desarrollar una intervención farmacológica efectiva frente a los problemas derivados del síndrome metabólico es un loable esfuerzo en el que la biología de las sirtuinas y compuestos como el resveratrol u otros derivados, podrían jugar un papel importante. Pero para ello, este área de investigación necesitará ahora eliminar la aureola de fracaso que pesará sobre investigaciones lastradas por afirmaciones fantásticas de inmortalidad poco cercanas a la realidad.

Para más información:

- Comentario editorial en Nature sobre el artículo: “Longevity genes challenged

- Comentario de expertos evaluando las implicaciones de este trabajo en Nature: “Ageing: Longevity hits a roadblock

- Artículo original en Nature dirigido por David Gems: Burnett, Cet al. Nature 477, 482-485 (2011).

Genes centenarios, ¡retractados!


Que el envejecimiento es un proceso con una base genética (y heredable, por tanto) es un hecho que reconoce incluso la sabiduría popular. La experiencia nos dice que existen casos de familias por las que corren genes que protegen a sus miembros (y miembras) de los rigores del paso del tiempo de manera más eficiente que al resto de los mortales. Esto ha llevado a numerosos grupos de investigación a tratar de estudiar en detalle qué caracteriza a esos ancianos de extremada longevidad, en la esperanza de que la identificación de esos factores diferenciales nos desvele el secreto de la fuente de la eterna juventud.

Se han desarrollado diversos esfuerzos en este sentido y uno de los abordajes experimentales que en la actualidad gozan de mayor aceptación es el de los ensayos GWAS, o “estudios de asociación del genoma completo”. Ya contamos aquí de qué se tratan, pero básicamente recordar que intentan encontrar SNPs que combinados nos permitan predecir la probabilidad de llegar a centenario. Los SNPs son variantes normalmente de un solo nucleótido que, al menos, se encuentran en un 1% de la población. Es decir, que dentro de la secuencia del genoma de los humanos existen ligeras variaciones en algunas de las letras que forman el texto completo de la información genética. Estas variaciones pueden ser indicativas de una distinta funcionalidad de los genes que forman un genoma y, por tanto, identificar estas variantes es de gran interés.

Sin embargo, este tipo de experimentación es muy compleja y está condicionada de manera determinante por el tamaño de muestra que debe usarse para poder alcanzar significancia estadística. Al tratarse de estudios poblacionales, la inclusión en el proyecto de un número suficiente de individuos es fundamental. Evidentemente, cuando hablamos del estudio de centenarios, estamos haciendo referencia a un grupo de personas muy reducido y este hecho limita el poder de los estudios GWAS.

Otra limitación es de tipo técnico. En los últimos años se ha avanzado de manera espectacular en la posibilidad de tener “chips”, o micromatrices, en las que imprimir pequeñas moléculas de ADN que representan cada uno de los .

Utilizando este tipo de armamento experimental, el año pasado apareció un artículo en la revista Science que comentamos aquí y que aseguraba haber sido capaz de identificar hasta 150 marcas genéticas que permitían predecir la longevidad extrema. Los resultados de este artículo suscitaron una enorme atención de la opinión pública, con artículos en periódicos y comentarios en radios y televisiones de medio mundo, dado lo llamativo de las implicaciones de este estudio, con polémicas incluidas a costa de la supuesta posibilidad de desarrollar tests que nos permitiesen predecir quiénes de entre nosotros vivirán hasta soplar 100 velas en la tarta.

Sin embargo, el estudio fue acogido con escepticismo entre la comunidad científica, cuando no directamente con rechazo. Inmediatamente se sucedieron las críticas al abordaje experimental empleado y a las conclusiones derivadas del estudio. Los autores respondieron de manera adecuada y plantearon una revisión a fondo de sus experimentos e hicieron público su compromiso de dar a conocer de manera inmediata sus nuevas conclusiones en la misma revista.

Paola Sebastiani, primera firmante del artículo retractado en Science

El estudio se publicó en Julio del año pasado, 2010, y su primera previsión fue que a finales de año tendrían listas sus conclusiones.  Sin embargo, no fue hasta ahora, Julio del 2011, un año después, cuando ha aparecido finalmente el comunicado de los autores de este trabajo con sus conclusiones. El estudio, liderado por Paola Sebastiani y Thomas Perls de la Universidad de Boston, ha sido retractado por los autores en un comunicado en la misma revista, alegando “fallos técnicos” en su estudio. Al mismo tiempo, los autores mantienen que las conclusiones fundamentales del estudio siguen siendo válidas, pero que el reanálisis detallado de los experimentos les lleva a concluir cosas distintas que serán dadas a conocer en breve con una nueva publicación científica.

Mientras tanto, y a la espera de los detalles de esa nueva publicación, podemos decir que el envejecimiento está modulado de manera genética, pero aún desconocemos la base de esa influencia de los genes sobre el proceso.

 

Tests para calcular tu esperanza de vida


Existen multitud de estudios que tratan de establecer asociaciones entre datos de lo más diverso y la esperanza de vida. Sin duda, el envejecimiento es un proceso multifactorial moldeado por infinidad de detalles que pueden determinar una mayor o menor longevidad. Basándose en muchas de estas cosas que sabemos, se han propuesto diversos tests de longevidad. No dejan de ser un intento bastante modesto de capturar toda la complejidad del proceso de envejecimiento, pero pueden resultar divertidos (si no se toman con excesivo rigor) e ilustrativos del tipo de factores que influyen en el número de años que seremos capaces de sobrevivir: Sexo (el “sexo débil” vive más), estado civil (los hombres casados son más longevos, para las mujeres el beneficio no está tan claro), nivel de ingresos (una vez más el dinero es importante), ejercicio físico (el deporte alarga la vida), una personalidad positiva (sonría por favor), la longevidad de tus ancestros (¿y tú de quién eres?), etc.

Los que son verdaderamente profesionales del cálculo de tu esperanza de vida son, ¡las aseguradoras! Aquí tienes un ejemplo desarrollado por UNESPA (Asociación Empresarial del Seguro): http://simuladores.unespa.es/

Algunos de los tests más recomendables que podemos encontrar en Internet (en inglés):

- El de magnífica web Word Life Expectancy, http://www.worldlifeexpectancy.com/le_test.php

- El de la web Living To 100, basada en el libro del mismo nombre de Thomas Perl, investigador del envejecimiento de la Universidad de Boston, http://calculator.livingto100.com/calculator

Todo lo que siempre quiso saber sobre el resveratrol y no se atrevía a preguntar 2


El resveratrol es una fitoalexina, es decir, un compuesto antimicrobiano que se sintetiza y acumula en plantas en altas concentraciones, como respuesta a agresiones como las causadas por infecciones bacterianas o fúngicas, y que ayudan a limitar la dispersión del patógeno. Químicamente, es un polifenol, pertenece a un grupo de sustancias químicas caracterizadas por la presencia de más de un grupo fenol por molécula. Pertenece a la familia de los flavonoides, una extensa familia de polifenoles (otros miembros de la familia son las antocianidinas, los flovonoles, las flavonas, las isoflavonas, etc) sintetizados por muchos vegetales (como el té, los pimientos, las manzanas, las cebollas, las legumbres, etc) y que han sido objeto de estudios en relación con los efectos saludables de las dietas ricas en frutas y verduras. El propio resveratrol había sido estudiado previo a su ascensión a los cielos del olimpo de productos antienvejecimiento, por sus posibles efectos beneficiosos para la salud.

Pero lo que marcó un cambio drástico en su popularidad fue el anuncio, a bombo y platillo, con focos y cámaras, por parte del científico de origen australiano David Sinclair, en la actualidad co-director de los “Paul F. Glenn Laboratories for the Biological Mechanisms of Aging” en Harvard Medical School, de sus supuestos efectos prolongadores de la vida. ¿En qué se basaba Sinclair para adjudicar dichos efectos antienvejecimiento al resveratrol? Todo empezó en el 2003 con una publicación nada menos que en la revista Nature, en la que Sinclair describía su hallazgo de que el resveratrol era un potente activador de las sirtuinas y mimetizaba el efecto de la restricción calórica prolongando extraordinariamente la longevidad de la levadura, Saccharomyces cerevisiae. ¿Pero qué son las sirtuinas y en qué consiste la restricción calórica?

Clive McCay

Clive McCay

La intervención más efectiva en el retraso del envejecimiento de organismos muy diversos es la restricción calórica, consistente en reducir la ingesta de calorías en la dieta sin caer en la malnutrición. Desde los años 30 del siglo pasado, y comenzando con los trabajos de Clive McClay de la Universidad de Cornell, quien demostró que ratas alimentadas con dieta baja en calorías vivían hasta el doble que el grupo de ratas alimentadas ad libitum (es decir, sin restricciones y hasta saciarse), la investigación en restricción calórica y su efecto en longevidad ha experimentado una enorme popularidad. Son muchos los distintos organismos en los que se ha podido demostrar un efecto positivo de la restricción calórica sobre la longevidad. Pese a ello, algunos investigadores han criticado los famosos estudios con ratas y ratones, indicando que en realidad lo que demuestran es que la alimentación en laboratorio de los animales de experimentación no es la adecuada y termina causando problemas de salud y muerte prematura. Según éstos, reducir la ingesta de alimento sitúa a los animales en una contexto más próximo a la realidad que encuentran en la naturaleza. Más aún, según algunos trabajos, la restricción calórica no es beneficiosa en todas las cepas de ratones y cuando se realiza un estudio exhaustivo con un elevado número de ratones de diversas cepas, lo que se observa es que no se produce un beneficio generalizado, e incluso se puede observar un perjuicio para la salud provocado por dicha restricción calórica.

En cualquier caso, los supuestos beneficios de la restricción calórica no están aún demostrados en humanos y podrían ser poco más que modestos en lo relativo a prolongar la vida. No obstante, estos prometedores resultados de laboratorio han convencido ya a algunos hasta el punto de someterse a la tiranía de la balanza y la calculadora en lugar predominante en la mesa, junto a tenedor y cuchillo, en la convicción cuasi-religiosa, de que han encontrado el camino de la verdad hacia la vida eterna. Esta práctica no presenta pocos problemas, puesto que restringir el número de calorías, especialmente en las personas de edad avanzada, supone un grave riesgo de pérdida de masa muscular y ósea, lo cual puede ponerles en una situación de debilidad a tener en cuenta. Por ello conviene ser cautos con este tipo de intervenciones que juegan con la dieta y pueden resultar más perjudiciales que beneficiosas.

¿Restricción calórica?

Pese a todas estas dudas sobre la efectividad de la restricción calórica prolongando la vida, y tras los primeros resultados espectaculares que mostraban la maleabilidad del proceso de envejecimiento en organismos modelo, la investigación biomédica ha tratado de dilucidar el mecanismo molecular responsable del beneficio sobre la salud y la longevidad de la restricción calórica, aportando nuevos datos interesantes cada día, pero también generando disputas y desencuentros entre la comunidad científica, a cuenta de cuáles son las vías de señalización responsables de llevar a cabo la prolongación de la vida tras restricción calórica. El interés comercial es evidente; si supiésemos qué moléculas y qué rutas son las importantes, podríamos lanzarnos a encontrar/desarrollar fármacos que mimeticen el beneficio de la restricción calórica, sin dejar de atiborrarnos a hamburguesas y pizza (según los más críticos con esta aproximación), o sin someterse a unas dietas peligrosas e inviables (según los más favorables). Algunos investigadores apoyan la implicación de la ruta de la insulina en este efecto, otros hablan del estrés oxidativo generado por el exceso de calorías, muchos se decantan por el papel protagonista de la familia de las sirtuinas, … Tanto es así, que recientemente asistimos en la revista Science a un interesante debate a cuenta de una publicación previa en la misma revista, de un artículo de revisión sobre las vías moleculares conservadas a lo largo de las distintas especies e implicadas en el incremento de la longevidad por restricción calórica. Los autores de dicha revisión especularon con las posibles vías que podrían ser responsables de ese beneficio, obviando sorprendentemente la vía de las sirtuinas, para desagradable sorpresa y enojo de no pocos destacados investigadores, que en respuesta decidieron escribir una carta de protesta a la revista Science. ¿Quiénes son estas debatidas sirtuinas?

Lenny Guarente

Las sirtuinas son una familia de genes que codifican enzimas con actividad deacetilasa (eliminan el grupo acetilo que en ocasiones se añade a algunas proteínas para modular su actividad) y con ello son capaces de alterar la actividad de muchas proteínas con distinta función en la célula. Un conjunto de proteínas cuyo estado de acetilación es especialmente importante para determinar su función, es el de las histonas, proteínas que se asocian al ADN (la molécula que porta la información de la vida) y regulan el grado de “accesibilidad” a la información genética y con ello la expresión o no de ciertas regiones genómicas. En levadura, los genes SIR, y en particular el gen SIR2 (de “Silent mating type Information Regulation 2”), fueron señalados como capaces de aumentar de manera espectacular el periodo de vida cuando se aumenta de forma experimental su expresión. Este trabajo se llevó a cabo fundamentalmente en el laboratorio de Lenny Guarente, del MIT, con la destacada participación de los entonces estudiantes de doctorado, Brian Kennedy y Matt Kaeberlein, ambos en la actualidad en la Universidad de Washington de Seattle. Una serie de artículos en revistas de primer orden avanzó de manera rápida durante el cambio de milenio, en el establecimiento de la importancia de las sirtuinas como deacetilasas que controlan el silenciamiento de ciertas regiones del genoma que se expresan durante el envejecimiento celular. Se identificó además al balance NAD+/NADH como modulador de la actividad de SIR2 y se estableció a SIR2 como el mediador del efecto prolongador de la longevidad causado por la restricción calórica en la levadura. El citado balance NAD+/NADH se ha propuesto como un reflejo de la actividad nutricional de la célula por lo que, cerrando el círculo, la restricción calórica altera el balance NAD+/NADH celular, lo que deriva en la activación de las sirtuinas, que modifican el estado de acetilación de las histonas (y otras proteínas diana), y con ello se favorece el patrón transcripcional “joven” frente a “viejo”. Todo ello en levadura, pero los análisis posteriores elevaron aún más el entusiasmo, puesto que SIR2 está conservado (tiene genes que parecen ser parientes más o menos cercanos) en todos los organismos analizados hasta llegar incluso al ser humano. Esto sugería que un mecanismo básico de la vida, el del control del envejecimiento, podía existir en organismos muy alejados evolutivamente. Algo así facilitaría enormemente nuestro entendimiento del proceso de envejecimiento y nos permitiría ensayar fácilmente terapias y productos que lo retrasen. ¿Han respondido las sirtuinas a las expectativas creadas?

(Para ver la primera entrada de esta serie, ir aquí)

Sé feliz, vivirás más


En una entrada anterior de este mismo blog tuvimos ocasión de comentar los resultados de un espectacular estudio en el que se ahondaba en las bases moleculares que explican los conocidos beneficios de un entorno rico en actividad y vida social, en la prevención del cáncer. Concluíamos entonces con un “contra el cáncer, sonría”. La enorme relevancia de la felicidad sobre la salud humana forma parte de la sabiduría popular, aunque sólo recientemente encontramos ejemplos en los que los investigadores biomédicos se atreven a echar mano de las herramientas de laboratorio para intentar medir el fenómeno y a escudriñar en las moléculas que pueden estar detrás de esos efectos beneficiosos.

Mientras tanto, los psicólogos sociales Diener y Chan, han revisado toda la evidencia publicada a lo largo de años tratando de establecer una relación causal entre el bienestar subjetivo, que así de rimbombante denominan los investigadores a la felicidad, y su influencia sobre la longevidad. Ambos investigadores analizaron un total de 160 trabajos que utilizaron abordajes experimentales muy diversos, y concluyeron de manera rotunda que la felicidad tiene un efecto causal positivo sobre la salud física y la longevidad.

¿Cómo pueden los investigadores medir la influencia de la felicidad en la salud física y la longevidad? Una de las formas empleadas, y de mayor utilidad, es el estudio longitudinal, en el cual se sigue a los mismos individuos a lo largo del tiempo. Uno de estos estudios longitudinales que analizó la felicidad y su impacto sobre la longevidad fue realizado hace ahora ya una década y es conocido como “El Estudio de las Monjas” (“The Nun Study”).

El proyecto pretendía analizar la longevidad y la enfermedad de Alzheimer, utilizando para ello monjas de la orden de Notre Dame, en Estados Unidos. Las monjas representan un grupo de individuos especialmente valioso para este tipo de estudios, puesto que sus condiciones de vida son muy constantes y similares. Desde el año 1991 hasta 1993, todas las monjas de la congregación que hubieran nacido antes de 1917 fueron consultadas y se les pidió su consentimiento para formar parte de este estudio, aportar sus registros médicos y personales al mismo, ser objeto de exámenes cognitivos y físicos, y donar sus cerebros tras su fallecimiento. Un total de 678 monjas aceptaron su inclusión en el estudio.

Cuando los investigadores acudieron a indagar en los archivos de la congregación encontraron una carta de la madre superiora de la orden, datada el 22 de Septiembre de 1930, en la solicitaba de las hermanas la redacción de una autobiografía. Del total de 678 monjas reclutadas para el estudio, 218 habían recibido los votos en los conventos de Milwaukee, Wisconsin, y Baltimore, Maryland, entre 1931 y 1943 y, de estas, se conservaban las autobiografías escritas a mano de 180 monjas. Este material reunía unas características excepcionales para los investigadores, puesto que eran un fiel reflejo de la personalidad de las monjas. Poco podían haber sospechado las monjas que siete décadas después, sus escritos servirían para predecir su longevidad.

La psicóloga Deborah Danner de la Universidad de Kentucky y sus colegas analizaron los escritos de las monjas en busca de términos con contenido emocional y clasificaron las monjas en grupos según la abundancia de términos positivos o negativos. Cuando esos datos fueron puestos en relación con la supervivencia de las monjas, los investigadores quedaron sorprendidos al observar que las monjas pertenecientes al grupo que había usado mayor abundancia de términos positivos habían vivido un promedio de 7 años más que las que no los usaban. Si se seleccionaban de entre el grupo de “monjas positivas” las que demostraban un mayor optimismo por su abundancia y variedad de términos positivos, la diferencia en longevidad se incrementaba hasta los 10 años y medio, con respecto a las monjas menos positivas.

El estudio fue publicado en la revista de psicología Journal of Personality and Social Psychology en el 2001, y posteriormente el director del estudio, el epidemiólogo y neurólogo David Snowdon, publicó un libro titulado “Aging With Grace: What the Nun Study Teaches Us About Living Longer, Healthier, and More Meaningful Lives.” (“678 Monjas y un Científico”, es el sui géneris título de la edición en español), en el que describe todo el proceso de estudio.

Además del mencionado estudio longitudinal, los científicos cuentan con estrategias en laboratorio para alterar factores externos que incidan sobre el estado de ánimo y examinar su influencia en parámetros fisiológicos conocidos por afectar la salud y la longevidad. Manipular las emociones mediante el visionado de imágenes fotográficas o películas para posteriormente medir la presión sanguínea o tomar una muestras de sangre son técnicas habituales. En otras ocasiones son eventos dramáticos, como cataclismos naturales o situaciones sociales convulsas, los que son aprovechadas por los investigadores para tratar de analizar los cambios experimentados por los individuos ante acontecimientos que afectan a las emociones.

El análisis llevado a cabo por Diener y Chan de todos estos estudios concluye sin lugar a la duda que la felicidad tiene un efecto positivo sobre la salud y la longevidad. Sin embargo, hasta el momento no ha sido posible establecer un efecto específico de la felicidad sobre tipos concretos de enfermedades. Es evidente por tanto, que necesitamos seguir investigando para ahondar en los procesos detallados que son responsables de la mejor salud y mayor longevidad que confiere la felicidad.

De todos modos, vamos viendo cómo existen muchas cosas simples, al alcance de la mano, que todos podemos hacer para intentar mantenernos sanos durante más años. Además de una dieta equilibrada y variada, y hacer ejercicio físico moderado y continuo, hay que añadir este “sé feliz!”. A fin de cuentas recuerde que “… la felicidad está hecha de pequeñas cosas: Un pequeño yate, una pequeña mansión, una pequeña fortuna …Groucho Marx (1890-1977).

 

Para más información:

- El estudio de revisión de todo lo publicado al respecto de la conexión entre felicidad y salud y longevidad:

Diener E and Chan MY (2010). Happy People Live Longer: Subjective Well-Being Contributes to Health and Longevity. SSRN-working paper. Accesible online.

- El libro de David Snowdon : “Aging With Grace” en la página de la Universidad de Minnesota que alberga la información sobre “El Estudio de las Monjas”.

- El artículo original describiendo “El Estudio de las Monjas”:

Danner DD, Snowdon DA, & Friesen WV (2001). Positive emotions in early life and longevity: findings from the nun study. Journal of personality and social psychology, 80 (5), 804-13 PMID: 11374751

Supercentenarios de leyenda – Los patriarcas bíblicos


La búsqueda de la fuente de la eterna juventud ha sido una constante de la especie humana, con toda seguridad ligada a la percepción de la caducidad de los procesos vitales. El ser humano es el único animal que posee conciencia de su propia existencia, de su inicio en la vida y también de su final. El envejecimiento resulta incómodo con sus rigores y debilidades, pero es además el anuncio de la cercanía del fin. Esa angustia ha propiciado una desesperada búsqueda de algún elemento capaz de retrasar, y hasta de revertir, el envejecimiento, lo que ha derivado también en la aparición de múltiples leyendas alrededor de procesos y elementos antienvejecimiento mágicos, así como a la creación de personajes míticos de longevidades extraordinarias.

Matusalén (a una edad no precisada)

Quizás de los primeros, y de gran popularidad (al menos en el área cultural judeocristiana), sean los grandes patriarcas bíblicos, encabezados, por supuesto, por Matusalén (en hebreo מתושלח). Hasta tal punto que Matusalén es sinónimo de extrema longevidad donde los haya. Según el antiguo testamento, Matusalén llegó a vivir nada menos que 969 años, llegando a tener descendencia a los 187 años, cuando engendró a su hijo Lamec. Éste a su vez vivió hasta los 777 años y tuvo un hijo a los 182 años llamado Noé, nieto por tanto de Matusalén, que contaba con 369 años cuando Lamec le hizo abuelo. Noé es famoso por haber recibido el encargo divino de construir un gran arca en el que albergar una pareja de cada una de las especies de seres vivos durante el gran diluvio que asoló la Tierra.

El catastrófico acontecimiento le vino encima a Noé cuando era un jovencito de 600 años nada menos y, dado que Matusalén murió por el 600 cumpleaños de Noé, cabe suponer que Matusalén murió el mismo año del diluvio.

Aún tratándose de un leyenda mitológica, podemos ver que esto de la longevidad extrema va por familias desde antiguo, como se refleja también en la actualidad con la extraordinaria longevidad de los familiares de supercentenarios conocidos (a este respecto, ver esta entrada anterior del blog acerca de los determinantes de la longevidad).

Los estudiosos de la Biblia aseguran que en realidad estas edades asombrosas son debidas a errores de traducción de los textos bíblicos y que lo que en principio eran ciclos lunares fueron confundidos más tarde por ciclos solares. Eso implicaría que las edades “reales” serían 13,5 veces menores. Por tanto, Matusalén en realidad habría vivido hasta unos 72 años de edad.

Encontramos también en la Biblia una curiosa referencia a la longevidad máxima del ser humano. En concreto, en Génesis 6:3, “Y dijo Yavé: “No contenderá mi espíritu con el hombre para siempre, porque ciertamente él es carne; mas serán sus días ciento veinte años”. Cumpliendo el mandato divino, o no, el caso de la mujer más longeva conocida y documentada (ver esta entrada anterior del blog), Jeanne Calment, quien falleció a los 122 años y 164 días, parece refrendar la afirmación divina.

Lamentable estado en el que quedó Noé tras beber el vino casero, cosecha propia, cuando lo encontraron sus hijos

Volviendo a Noé, el superhéroe del diluvio que contaba con 600 años cuando empezó el aguacero, haciendo honor a sus ancestros vivió hasta los 950 años, casi tantos como su abuelo Matusalén. Podríamos preguntarnos, ¿a qué se debió tan extraordinaria longevidad? Una pista nos la proporciona la propia Biblia, en concreto en Génesis 9:20: “Después comenzó Noé a labrar la tierra, y plantó una viña”; y Génesis 9:21: “y bebió del vino y se embriagó; y quedó desnudo en medio de su tienda”. Una estampa que a muchos, los de mayor experiencia etílica, sin duda les resultará de lo más normal.

Es esta la primera mención del vino en la Biblia y tuvo consecuencias negativas, porque el hecho provocó un incidente entre el propio Noé y su hijo Cam, que no viene al caso. Pero sin duda nos ofrece también el primer relato de los efectos saludables y prolongadores de la vida del vino. Me extraña que aún nadie haya usado este pasaje bíblico en su propaganda vende-pastillas de compuestos presentes en el vino.

 

Esperanza de vida en el mundo


La actual esperanza de vida media en el mundo es de 68 años, pero existen diferencias abismales (de más del doble) entre los países con mayor esperanza de vida, como los 82,5 años de Andorra o los 82,1 de Japón, y los de menor esperanza de vida, como Angola con 38,2 o Zambia 38,6. Por continentes, la esperanza de vida media en Europa es de 78,4 años, la mayor, mientras que en África es tan solo de 49,1 años, la menor.

Sin embargo, como ya comentamos en la entrada anterior de introducción/presentación, el concepto de esperanza de vida al nacer puede verse distorsionado por la enorme contribución de la mortalidad infantil. Sin duda el índice de mortalidad infantil en países subdesarrollados es muy elevado comparado con el de los países que encabezan el desarrollo económico mundial, en donde dicho índice se ha rebajado en las últimas décadas hasta valores difícilmente superables. Aún así, la esperanza de vida media varía enormemente entre países y, echando un rápido vistazo a este parámetro a lo largo y ancho del mundo, uno puede inmediatamente observar una tendencia clara. El desarrollo económico está ligado a una mayor esperanza de vida de la población, puesto que son los países del primer mundo los que destacan en esperanza de vida.

Un sitio repleto de información interesante relacionada con la esperanza de vida en el mundo, causas de mortalidad, etc, presentada además mediante atractivos gráficos, es World Life Expectancy.

Clickar en la imagen para visitar el sitio World Life Expectancy

¿Tuvimos siempre esta esperanza de vida o ha cambiado a lo largo de los años? Uno podría suponer que la esperanza de vida es un parámetro intrínseco a la especie y que difícilmente puede variar. Más allá de la importante reducción en la mortalidad infantil que venimos comentando reiteradamente, la esperanza de vida media al nacer sí ha variado y lo ha hecho además de manera drástica. El factor que más evidentemente se puede asociar con el claro aumento de la esperanza de vida es, como inmediatamente muchos podrán suponer, el mayor desarrollo económico ligado al avance en las condiciones higiénico-sanitarias.

Si quieres “jugar” con un sensacional gráfico animado y recrear la historia de la variación de la esperanza de vida en 200 países de distintas áreas geográficas del mundo en función de su crecimiento económico durante los últimos 200 años, puedes hacerlo cortesía del espléndido Gapminder de Hans Rosling yendo aquí y moviendo la barra temporal situada en la base del gráfico hasta situarla en el año 1800. Pulsa “play” y déjate asombrar por esta maravillosa representación gráfica de la historia del desarrollo mundial.

Hans Rosling y su Gapminder

La cantidad de información que se resume y muestra en ese gráfico es tan enorme que pueden escaparse muchos detalles, por lo que es recomendable dedicarle tiempo (si se dispone de él, claro) para detenerse a explorar detalles particulares de países, áreas geográficas, periodos temporales, etc.

El mensaje básico de este gráfico animado es que el desarrollo económico de nuestra sociedad nos permite el acceso a mejores condiciones higiénico-sanitarias, y con ello, nos permite vivir más tiempo.

Esperanza de vida


Los estudios sobre envejecimiento y longevidad están siempre aderezados de constantes referencias a un parámetro que, pese a su aparente sencillez, quizás pueda esconder algunos aspectos no tan evidentes. Nos referimos al término “esperanza de vida” o “expectativa de vida” y por ello creemos necesario detenernos mínimamente a observar con cuidado a qué nos estamos refiriendo con este término.

La esperanza de vida es la cantidad media de años que podemos esperar (“esperar” en términos estadísticos) vivir en función de los datos conocidos en ese momento del número de fallecimientos y las edades de los fallecidos en una población. Habitualmente se hace referencia a la “esperanza de vida al nacer”, pero bien podemos expresar también cuál es el número de años que podemos esperar vivir una vez cumplida una cierta edad.

Del hecho de que la esperanza de vida sea un valor medio y que habitualmente haga referencia al momento del nacimiento, surge una enorme dependencia de este parámetro con la mortalidad infantil. Es bien conocido que un índice de mortalidad infantil elevado condicionará de manera sustancial el parámetro de esperanza de vida, acortándolo de tal manera que puede generar una falsa impresión y dar lugar a confusiones. Así por ejemplo, si comparamos la esperanza de vida de un país africano como Burundi, 50 años, con la de un país europeo desarrollado como Suecia, 81 años, uno puede hacerse la composición mental (equivocada) de que en Burundi ser anciano equivale a tener alrededor de 50 años, o de que para un burundés alcanzar edades superiores a los 50 años es un hecho extraordinario. Una conclusión apresurada, resultado de un vistazo rápido a las cifras, puede hacernos pensar que los ciudadanos de Burundi viven 31 años menos que los de Suecia. Pero no es así. En realidad la distorsión fundamental procede del hecho de que la mortalidad infantil en Burundi es muy elevada comparada con la de Suecia, lo que disminuye la media considerablemente. Así pues, encontrar ancianos en Burundi es relativamente normal y no es cierto que los suecos vivan 31 años más que los burundeses.

Para una explicación más detallada (y mucho más acertada) de la distorsión causada por la mortalidad infantil en la esperanza de vida es recomendable echarle un vistazo a esta presentación del muy recomendable Gapminder de Hans Rosling.

Una vez introducido el concepto de esperanza de vida podemos preguntarnos ¿cuál es la esperanza de vida en el mundo? ¿varía la esperanza de vida en los distintos países? ¿y con el género? ¿qué factores alteran la esperanza de vida? ¿cómo ha variado la esperanza de vida a lo largo de la historia? Esperamos satisfacer todas estas preguntas en futuras entradas del blog.

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