Inicio > Las causas moleculares del envejecimiento > La longevidad del “sexo débil”

La longevidad del “sexo débil”


Si en la mente de algunos aún permanece la idea de que las mujeres constituyen el “sexo débil”, su mayor esperanza de vida (o longevidad) ofrece aún una razón más para cambiar de opinión. El lector habitual de este blog no necesitará una introducción al término esperanza de vida, pero si no es así le recomendamos una entrada anterior del blog como introducción.

Las mujeres tienen una esperanza de vida, a cualquier edad, más elevada que los hombres. Las diferencias se manifiestan incluso desde el útero, en donde un feto masculino tiene mayores probabilidades de no llegar a término. Se calcula que se conciben 124 fetos masculinos por cada 100 fetos femeninos. Esta diferencia queda reducida al nacer en 105 recién nacidos niño, frente a 100 niñas. En el caso de los partos prematuros, los bebés de tamaño extremadamente pequeño (aquellos que nacen por debajo de los 900 gramos) tienen mayor probabilidad de supervivencia si son niña que si son niño. Si nos situamos en el otro extremo del periodo de vida, hasta un 90% de aquellas personas que alcanzan los 110 años de edad (los denominados “supercentenarios”) son mujeres. Y si nos vamos por encima de los 120 años, sólo una persona (de manera verificable) logró alcanzar los 122 años y, como no podía ser de otra manera, fue una mujer, la francesa Jeanne Calment (sobre la cual puedes encontrar más información en esta otra entrada del blog.

En cualquier caso, es un hecho que los hombres lideran la clasificación de las principales causas de muerte en todos los apartados, lo que implica que no estamos ante un efecto distorsionador producido por una mayor prevalencia de una causa de muerte en particular entre los hombres.

Existen diversas teorías que tratan de explicar esta diferente longevidad de los sexos. Son muchos los que centran sus sospechas en factores socio-sanitarios. Los hombres han ocupado tradicionalmente puestos en la sociedad que los han situado en posiciones más expuestas a daños no intencionados (accidentes) o intencionados (violencia o guerras). Muchos se apresuran a encontrar la explicación en la tradicional separación de papeles por género: hombre trabajando fuera desarrollando una labor dura y estresante, mientras la mujer se ocupa “cómodamente” de las labores del hogar. Antes de que alguien golpee violentamente la pantalla de su inocente ordenador he de aclarar que, evidentemente, esto no es así. Nadie (confío) en su sano juicio puede pensar que la labor de nuestras madres o abuelas al frente del hogar familiar resultó más sencilla que la de nuestros padres o abuelos en sus ocupaciones fuera del mismo. De hecho, la convivencia familiar es más beneficiosa estadísticamente hablando para el hombre, que vive muchos más años si está casado que si vive sólo; que para la mujer, cuya longevidad se ve mínimamente alterada por el matrimonio. Además, la incorporación de la mujer al mercado laboral no ha traído consigo una disminución equiparable en la distancia en la esperanza de vida entre hombres y mujeres.

La anciana Jeanne Calment dejó de fumar a los 117 años

Otra explicación reside en que existe tradicionalmente un mayor consumo de sustancias nocivas (tabaco, alcohol, drogas) entre hombres que entre mujeres en la mayoría de las sociedades. Recientemente un estudio publicado por la revista Tobacco Control,  publicada en open access y perteneciente al prestigioso grupo del British Medical Journal, apuntaba al consumo de tabaco fundamentalmente, y de alcohol en menor medida, como responsable de esas diferencias de expectativa de vida entre hombres y mujeres. Según este estudio, el tabaco sería responsable de entre un 40 y un 60% de la diferencia de esperanza de vida entre hombres y mujeres, y el alcohol de entre un 10 y un 30%, según países. Los autores del trabajo resaltan la menor distancia entre hombres y mujeres en los países del norte de Europa y achacan dicha cercanía en las esperanzas de vida de ambos sexos a una incorporación de la mujer al consumo de tabaco y alcohol anterior a la producida en los países del sur europeo. Una predicción por tanto derivada de la asunción de que la diferente longevidad entre hombres y mujeres está fundamentalmente asociada al consumo de tabaco y alcohol, es que las distancias tenderán a disminuir sensiblemente en los próximos años.

Aún siendo razonable esta explicación (y no estando exenta de cierto acomodo con la visión generalizada actual de lo perjudicial que resulta el consumo de tabaco), no cabe duda de que existe “algo más”. Hay una indiscutible base biológica en la distinta longevidad de hombres y mujeres, puesto que esta diferencia es extensible a todas las especies de mamíferos estudiados (para los cuales se desconocen hábitos insalubres específicos entre los individuos macho).

La longevidad es un balance entre “daño” y “reparación”

¿Cuál es esta base biológica que establece una distinta longevidad entre sexos? Si entendemos el envejecimiento como un balance entre la cantidad de daño al que estamos expuestos y la capacidad de reparación de ese daño de nuestro organismo, deberíamos asumir que estando sometidos a los mismos factores que afectan a nuestro organismo, una distinta capacidad de reparación entre géneros podría ser responsable de esa distinta longevidad.

¿Qué sentido podría tener que un organismo femenino repare mejor el daño que uno masculino? Entrando, en mi opinión, en un área altamente especulativa, Tom Kirkwood, toda una autoridad de la biología molecular del envejecimiento y director del Institute for Ageing and Health de la Universidad de Newcastle en el Reino Unido, propone una explicación cercana a su conocida teoría del soma desechable.

Tom Kirkwood, promotor de la teoría del “soma desechable”

De modo resumido, esta teoría sobre el envejecimiento con tintes evolucionistas propone que un organismo está constituido por células germinales (reproductoras) inmortales y por células somáticas mortales. El soma es útil únicamente en cuanto que garantiza la reproducción y con ello la transmisión de la información genética presente en la línea germinal. Existe un equilibrio entre el gasto de recursos que son empleados en la reparación y el mantenimiento somático y los necesarios para la reproducción. Una vez garantizada la reproducción, el soma es desechado con la satisfacción del deber cumplido.

Pues bien, Tom Kirkwood especula que el organismo femenino ha evolucionado para ser más resistente, poseer mejores mecanismos de mantenimiento y reparación por ser el garante del éxito de la reproducción. El soma femenino sería pues, menos desechable. Por el contrario, y en una visión que agradará a más de una feminista, el organismo masculino cumple un papel en la reproducción mínimo y una vez realizado es desechable.

Tratamiento “anti-aging”

Existen algunas evidencias experimentales que apoyan estas teorías. Por ejemplo, existe una cierta correlación inversa entre fecundidad y longevidad en muchas especies (menor longevidad, mayor número de crías y viceversa). También existen trabajos que apuntan a una mejor capacidad reparadora de las células de ratones hembra que de ratones macho, y parece que esta diferencia se elimina tras la extracción quirúrgica de los ovarios. Como muchos dueños de gatos y perros pueden atestiguar, las mascotas castradas viven habitualmente más tiempo que las no castradas. ¿Existe el mismo efecto en humanos? En ciertos periodos históricos la castración masculina fue una práctica habitual de algunas sociedades, como en la antigua China o en Europa con el caso de los castrati; pero los datos históricos son escasos y poco fiables. Sin embargo, mucho más recientemente, aún era una práctica habitual la castración de los enfermos mentales en instituciones psiquiátricas. Existen datos de una de ellas (en Kansas, EEUU) que atestiguan que los hombres castrados vivían una media de 14 años más que sus compañeros no castrados, como recogió un estudio publicado en 1969 en la revista especializada en investigación del envejecimiento, Journal of Gerontology.

Sin duda, una opción mucho más extrema que el consumo de una pastillita de resveratrol, aunque con evidencias científicas de efectividad a su favor.

Para ahondar más en detalle:

- El estudio de Tobacco Control sobre el consumo de tabaco y alcohol como base de la diferente longevidad de hombres y mujeres, aquí.

- El artículo original de 1969 en Journal of Gerontology con los datos de longevidad de internos castrados frente a no castrados en la institución mental de Kansas, aquí.

- Tom Kirkwood especulando sobre el origen de la distinta longevidad de hombres y mujeres en este artículo de Scientific American, aquí.

Nota: Esta entrada fue publicada primero como colaboración en el blog amazings.es el 09/01/11.

About these ads
  1. Seoane
    febrero 21, 2012 en 6:43 pm

    Hola Manuel!!! Alguna vez leí que una posiblidad de la mayor longevidad de las mujeres y la mayor probabilidad de supervivencia en el nacimiento de niñas fuera que nosotras tenemos dos cromosomas X… tal vez eso haría que uno de esos cromosomas compense las debilidades o daños del otro y viceversa… o que los dos cromosomas X tengan más DNA/genes que los dos cromosomas X y Y del hombre… tal vez esa sea una de las ventajas de tener doble cromosoma X.

    Hoy podemos gozar esa mayor longevidad, entre otras cosas, a los avances de la ciencia, sobre todo a a las vacunas y a los medicamentos que son las que nos han ayudado a duplicar la esperanza de vida en los últimos 100 años.

    Muchos saludos!!!
    @Seoane_

    PD Ayer leí en algún lugar que no recuerdo que se calcula que hay más de 40 mil personas que ya cumplieron 100 años debido a los grandes avances de la ciencia… yo me preguntaría ¿qué va a pasar cuando esos 40 mil se conviertan en unos años en 40 mllones de personas que tienen 100 años por lo menos, aunado a otros millones de viejitos que tienen más de 65 años… ¿De qué van a trabajar? ¿Cómo van a mantenerse? ¿Habrá alimentos para todos? Y muchas preguntas más que no sabemos las respuestas…

    • febrero 21, 2012 en 10:37 pm

      Hola Seoane, gracias por el comentario. Nunca tal cosa ahí y suena altamente improbable si tenemos en cuenta que de los dos cromosomas X, uno está completamente silenciado, por lo que no puede compensar daños o pérdidas del otro. Y desde luego no sería ninguna ventaja, si no al contrario, tener expresión del cromosoma silenciado.
      Un saludo,
      Manuel

  2. noviembre 25, 2012 en 7:28 pm

    Otra hipótesis, totálmente hipotética y que me viene de deformación profesional (hice la tesis en neuroendocrinología): ¿podría ser que aparte de los efectos protectores del estradiol ante enfermedades como las cardíacas, también sea protector el hecho de que existan los ciclos hormonales? Básicamente , porque la oscilación en los niveles de estradiol y progesterona influye en muchos otros sistemas y en los niveles de otras hormonas, neurotrasmisores, etc, quizás eso haga que el organismo femenino sea más “flexible” y adaptable frente a distintos estreses biológicos que el masculino, que no está sometido a estas fluctuaciones cíclicas.

    El fallo de esta hipótesis estaría en el periodo prepuberal, donde no hay ciclos, pero ya se sabe que existen diferencias sexuales en los organismos desde que son embriones y otra cosa que se ha comprobado, es que los fetos masculinos suelen ser más susceptibles a daños prenatales (stress, inflamación, sustancia tóxicas, etc) que los masculinos…

  3. javier
    marzo 26, 2013 en 4:23 pm

    Yo siempre e interpretado desde que tenía 2 años que lo del “sexo debil” era simplemente porque las mujeres tenían menos fuerza física que los hombres (generalizando). Lo que quiero decir es que desde mi más tierna infancia esa expresión la he entendido sin ningún problema y sin malinterpretarlas ni deducir o inferir mas de lo que es solo la fuerza física. Al igual que el toro era el sexo fuerte sobre la vaca y la hiena hembra sobre la hiena macho. Lo que pasa que ahora con lo políticamente correcto no se puede decir ni lo que es obvio. De todas formas hoy en día no importa mucho la fuerza física lo que es realmente importante es el cerebro. Y de esto último hombre y mujeres vamos equiparados. (aunque ahora se aplauda decir que son las mujeres mas listas… en cambio si uno piensa que los hombres son mas listos…). Esto lo escribo solo pa chinchar :) no hace falta que se me responda. Gracias

    • De visita
      abril 25, 2014 en 2:19 pm

      «(aunque ahora se aplauda decir que son las mujeres mas listas… en cambio si uno piensa que los hombres son mas listos…). Esto lo escribo solo pa chinchar :) no hace falta que se me responda»

      Jajaja. Pues yo sí te voy a responder. :P

      Yo sí creo que el carácter (natural o aprendido ya tendrán que aclararlo los psicólogos) en general más agresivo y aventurero de los hombres puede hacernos más “listos”, no más inteligentes, ojo: no creo que el hombre pueda “intelligere” mejor el mundo, así en terminos generales, que la mujer, pero el carácter puede ser incluso más importante que la inteligencia para lograr hazañas intelectuales.
      Dejemos de lado el machismo todavía imperante en el mundo empresarial y tomemos como ejemplo el mundo del arte y el pensamiento, donde el machismo es menor y sobre todo menos tiene menos importancia, porque el artista o el filósofo, en general, trabaja solo. Desde los comienzos de la emancipación de la mujer, allá por la época de Rosa Luxemburgo, no ha habido ninguna Heidegger, ninguna Stravinski, ninguna Picasso, ninguna Borges. Ha habido, por supuesto, en este último siglo y medio grandes filósofas que antes habían sido difícilmente posibles (Hanna Arendt, me viene a la cabeza, o incluso si nos saltamos ese rango de aproximadamente un siglo y medio, tenemos a Santa Teresa de Jesús, en una época en que una mujer pensadora y artista era poco menos que increíble), grandes músicas (Sofía Gubaidúlina, Kaija Saariaho), grandes artistas plásticas (Cristina Iglesias), grandes escritoras (quizá en la literatura sea donde más ecuánimemente se pueda valorar los logros de cada sexo pues la mujer no parece haber tenido muchos impedimentos para dedicarse a escribir, como demuestra la cantidad y calidad de escritoras desde Safo de Lesbos a Santa Teresa, Mary Shelley, Emily Brontë, Gabriela Mistral y muchas otras). Grandes y brillantes personas, no hay duda, ¿pero cuántas genios? ¿Es comparable la altura intelectual de una Arendt con la de un Heidegger o un Bataille? ¿La de una Gubaidulina con la de un Berio, un Boulez, un Carter? ¿Y la de una Mistral o la de otra Nobel, Alice Munro, con la de un Thomas Mann, un Borges o un Gª Márquez?
      La respuesta es bovia. ¿Podemos achacar esta “inferioridad” a una menor inteligencia? No lo creo, creo que es una cuestión de carácter, un impulso que por algún motivo empuja al hombre a un “ir más allá” a un meterse en lugares extraños que por algún motivo el caracter femenino tiende a evitar, hablando en general, por supuesto, que claro que hay mujeres mucho más aventureras, agresivas y curiosas por lo oscuro que la inmensa mayoría de los hombres, pero la excepción no puede erigirse regla.

      Así que sí, yo sí creo que el hombre, en general, repito, es más “listo” que la mujer; pero no necesariamente más inteligente.

      Ahora a ver las pedradas que me van a caer… xD

  4. De visita
    abril 25, 2014 en 1:19 pm

    «Nadie (confío) en su sano juicio puede pensar que la labor de nuestras madres o abuelas al frente del hogar familiar resultó más sencilla que la de nuestros padres o abuelos en sus ocupaciones fuera del mismo»

    Hombre… Lo que yo creo es que nadie en su sano juicio va a decir que le produce el mismo estrés su trabajo (a no ser que uno sea jardinero, claro) que ir a la compra, cocinar y pasar el mocho en casita… Venga, hombre, no seamos condescendientes con la cantinela esa de que cuidar del hogar es igualito que trabajar en la mina, o peor, que la mayor parte de hombres separados o solteros de hoy en día somos trabajadores y amos de casa, y sabemos que esa afirmación es un soberano disparate.

    «la convivencia familiar es más beneficiosa estadísticamente hablando para el hombre, que vive muchos más años si está casado que si vive sólo; que para la mujer»

    No tengo la menor duda. Ahora los hombres estamos aprendiendo a cuidarnos, pero estoy convencido de que sin mi madre, mi padre se habría alimentado de morcilla, patatas fritas, embutido y chuletas, seguiría fumando dos cajetillas diarias, y no caminaría más que para ir y volver del trabajo (y desde que se jubilara, ni eso) y a veces bajar a comprar el pan; de hecho estoy convencido de que sin mi madre, mi padre llevaría varios años muerto.
    Yo creo más que el problema de los hombres no es la genética sino la estupidez: necesitamos una madre o una pareja que nos cuide y que nos haga cuidarnos, si no nos ponen firmes, somos incapaces de salir del estilo de vida autodestructivo, aunque seamos plenamente conscientes de ello.
    Habrá que repetir esos estudios dentro de 50 años, a ver si esta generación de hombres “cachas”que ahora se ven por la calle cuando hace 10 o 15 años eran una rareza a cuyo paso todo el mundo se quedaba mirando, que vuelven a comer vegetales y pescados, como nos insitían constantemente nuestras madres, que vigilan sus niveles de grasa, que se ponen filtros solares si van a estar mucho tiempo en insolación, que no esperan a estar muriéndose para ir al médico, es decir, esta generación de hombres que se cuidan como mujeres y además hacen deporte, a ver si esas diferencias se siguen manteniendo. Será interesante.

    «el organismo femenino ha evolucionado para ser más resistente, poseer mejores mecanismos de mantenimiento y reparación por ser el garante del éxito de la reproducción. El soma femenino sería pues, menos desechable. Por el contrario, y en una visión que agradará a más de una feminista, el organismo masculino cumple un papel en la reproducción mínimo y una vez realizado es desechable.»

    Sin pretender que mi opinión sea la mitad de respetable que la de un experto como el autor de esa hipótesis, ¿no es un poco contradictoria? Si el hombre una vez ha fecundado, es desechable, ¿qué hay de la mujer una vez deja de ser fertil. No es incluso más “desechable” que el hombre, pues éste sigue siendo fertil hasta su muerte? ¿Para qué, evolutivamente, sirve mantener vivo a un individio que ya no puede reproducirse? ¿Lo “lógico”, siempre según esa teoría de la “desechabilidad” en función de la reproductividad, no sería que las mujeres muriesen tras la menopausia que los hombres fuesen poco menos que inmortales ya que siguen siendo fértiles?

  1. febrero 13, 2011 en 12:31 pm

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 1.177 seguidores

%d personas les gusta esto: