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Los secretos de una larga vida


En una entrada anterior contábamos la historia de la persona más longeva comprobada y registrada, la francesa Jeanne Calment, con sus 122 años y 164 días. Como decíamos, el interés de la ciencia en los centenarios (los que llegan a cumplir los 100 años) y los supercentenarios (aquellas personas que viven por encima de los 110 años) es encontrar qué es lo que tienen en común. La idea es intentar definir qué es lo que hace que cierta gente posea una salud que le permita llegar hasta edades tan avanzadas en buen estado, como primer paso para desarrollar algún tipo de tratamiento efectivo en el retraso de la aparición de las enfermedades asociadas al envejecimiento y, con ello, en la prolongación de la vida.

James W. Vaupel del MIPDR, coordinador del estudio "supercentenarians"

Uno de estos esfuerzos se ha plasmado en la creación de una ambiciosa “base de datos internacional sobre longevidad” (IDL). Un equipo internacional formado por investigadores de 13 países (USA, Canadá, Japón, Australia, Francia, Italia, España, Alemania, Suiza, Bélgica, Reino Unido, Dinamarca y Holanda) y coordinado por el Max Planck Institute for Demographic Research (MPIDR) en Rostock, Alemania, se ha pasado los últimos 10 años buscando en sus respectivos países a aquellos que hubiesen cumplido los 110 años o más. En total consiguieron reunir información de más de 600 supercentenarios. Además de supercentenarios, la investigación se ha expandido también para incluir datos de personas “más jóvenes”, los denominados semicentenarios (de entre 105 y 110 años de edad). No sólo recopilaron datos de interés científico, si no que además se dedicaron a documentar sus vidas personales, experiencias, etc. Uno de los mayores esfuerzos de este grupo de investigadores ha sido el establecer los criterios necesarios para validar las edades reales de la población a estudiar, ya que es muy frecuente que los datos sobre supercentenarios sean erróneos.

La mayoría de los supercentenarios son mujeres

La principal conclusión a la que han llegado los investigadores es que no existe un secreto para la longevidad. Los supercentenarios parecen ser tan diversos como los individuos de edades más jóvenes. Sin embargo, sí se pueden destacar algunas características comunes. La mayoría de los que llegan a los 110 años son mujeres, ninguno de ellos fumadores empedernidos, y que disfrutan de una salud, comparativamente, buena hasta alcanzar una edad muy avanzada. Además, el número de los que permanecieron solteros o tuvieron menos hijos que la media de la población, es mayor (a más de un casado/a con hijos/as esto no le sorprenderá …).

Las teorías evolucionistas sobre el envejecimiento predicen la existencia de algún tipo de “trato” evolutivo entre la supervivencia y la fertilidad. Según esta idea, los organismos emplearán sus recursos en conseguir descendencia a costa de sufrir un periodo de vida más corto y, al contrario, un menor gasto en reproducción implicará un periodo de vida más prolongado. Los datos encontrados por estos investigadores, por supuesto aún necesitando de un análisis detallado y una más amplia validación, apoyarían la idea de la existencia de genes que reducen la mortalidad a costa de la fertilidad.

Que los genes son importantes en determinar la longevidad viene derivado del dato de que la mayor longevidad es una característica muchas veces familiar. Pero por supuesto hay que tener también en cuenta que existen toda una serie de determinantes de la longevidad que pueden estar asociados a las familias sin que necesariamente tengan una base genética. Alimentación, poder adquisitivo, educación, etc, pueden ser condicionantes de la longevidad relacionados entre miembros de una misma familia sin que vengan determinados por los genes. Los estudios con gemelos son la mejor prueba de la base hereditaria de distintas características. Cuando estos estudios con gemelos se han aplicado al envejecimiento se ha llegado a la estimación de que un 25% de la variación en el periodo de vida podría ser atribuido a la variación genética entre la población.

Sin embargo, no se han encontrado hasta la fecha genes que ralenticen el envejecimiento de manera fehaciente. Únicamente existe un gen, el ApoE, para el cual se han descrito SNPs (polimorfismos de nucleótido simple que generan variaciones en cada una de las características que determinan los genes) que de alguna manera aumentan o disminuyen la posibilidad de morir a edades avanzadas.

Una de las conclusiones más relevantes del estudio con supercentenarios es que la mortalidad humana se equilibra en una probabilidad del 50% al año, al menos a partir de los 110 años. Cuando este proyecto con supercentenarios comenzó, se desconocía si la probabilidad de muerte proseguía aumentando según se cumplían más años, se equilibraba o disminuía. Esto querría decir que, como es obvio, cuanto más años, mayor es la probabilidad de morir, hasta alcanzar los 110 años. A partir de ese momento uno tiene una probabilidad del 50% de morir al año y esa probabilidad se mantiene constante desde entonces.

Por último, los investigadores tuvieron ocasión de comprobar que la gente que vive periodos de vida excepcionalmente largos no lo hacen tras sufrir un envejecimiento más lento, más gradual, si no porque alcanzan edades avanzadas con mejor salud. Es decir, el envejecimiento de los supercentenarios está retrasado, no decelerado. Encontrar cuál es el determinante de este “aplazamiento” en el proceso de envejecimiento, tendría un obvio interés por su tremenda repercusión sobre la salud humana.

Los coordinadores de este estudio publicaron sus conclusiones en un libro que está disponible (en inglés) online aquí:

Supercentenarians por Heiner Maier, Jutta Gampe, Bernard Jeune,
Jean-Marie Robine, James W. Vaupel (Editores). Springer Verlag. ISBN: 9783642115196.

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  1. albert
    enero 14, 2011 en 7:12 pm

    La esperanza de vida lanza a veces datos contradictorios. Se da por válido que la contaminación es un factor decisivo en acortar la vida. Sin embargo la esperanza de vida más alta (o de las más altas) en Reino Unido está precisamente en Kensington and Chelsea, un distrito en pleno centro de Londres.

    • enero 14, 2011 en 7:19 pm

      Bueno, quizás lo que eso refleje es que estamos hablando de un proceso biológico multifactorial en el que es evidente que juegan un papel importante muchas cosas.
      Precisamente hoy mandé un comentario a elpais.com en relación a una noticia que publicaban sobre la posibilidad de que el incremento en la esperanza de vida en USA se estuviese frenando según datos recientes. Y ese frenazo se estaría produciendo fundamentalmente en la minoría hispana (o latina).
      Lo sorprendente es que los hispanos en USA tienen una mayor esperanza de vida que el resto de la población del país (más que los blancos caucásicos) y eso pese a que sus condiciones socioeconómicas y su acceso a la salud son claramente peores, factores todos ellos que se supone son determinantes para la longevidad.

  1. junio 7, 2010 en 2:09 pm

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